sábado, noviembre 14, 2009

Me quiere, no me quiere

Liliana Viola

El Congreso se abrió y se cerró más rápido que la flor mecánica de la calle Libertador. Ardua tarea, inconclusa pero no perdida, la de deshojar tanto pétalo de plomo: "Debato, no debato; cajoneo, no cajoneo; doy fe, no doy quórum".

Pero lo que es innegable es que se abrió: por primera vez en la historia el Congreso debatió en comisiones la modificación del Código Civil que permitirá tarde o temprano a las parejas del mismo sexo contraer matrimonio y acceder a los derechos que se derivan de esta institución. Y que el debate se abriera, ya fuera por convicción o porque se les escapó la tortuga a los mismos diputados del oficialismo que hasta hace poco se mostraba comprometido con la causa progresista, demuestra que se desmorona un viejo tabú: el que pretende que de esto no se habla entre los representantes del pueblo y que, de última, lo resuelva la Corte Suprema.

En el debate, los expertos homofóbicos que fueron convocados por algunos diputados y diputadas de la Nación dieron una imagen bochornosa de ignorancia y fundamentalismo. (ver páginas 12 a 15). ¿Por qué invitaron a esta gente? "Nosotros iniciamos el debate", aclara Vilma Ibarra, la titular de la Comisión de Legislación General, "asumiendo que podemos discutir en un mismo recinto los que estamos a favor y los que están en contra. Eso tiene que ver con el reconocimiento de una sociedad plural y diversa, donde no todo el mundo opina lo mismo." Mejor que sobre libertad y no que falte, digamos todos juntos y oremos al Señor. Abundaron las alusiones a un bien común, que no se entendió muy bien dónde estaba, mientras otros especialistas de reconocida trayectoria, también convocados por legisladores, como el constitucionalista Gil Domínguez, respondieron pacientes y hasta didácticos: "El bien común es una fórmula que esconde el pensamiento único. El límite a mis derechos no es el bien común, sino los derechos de los otros".

La flor se cerró: porque al final de la amena charla no hubo dictamen (paso necesario para que el proyecto pasara a la Cámara de Diputados) y aunque parezca paradójico, el Frente para la Victoria no dio apoyo a la sesión, y no prestó sus firmas. Pidieron tiempo, lo pasaron para la otra semana. ¿Por qué la dilación? ¿Para esperar a que pasara la Marcha del Orgullo sin pena ni gloria? ¿A que se enfriara el tema en una población indiferente o incluso reacia a reconocer que el derecho al matrimonio se inscribe en un debate de derechos humanos y de la causa por la igualdad de oportunidades?

Se abrió la flor: hete aquí que la Marcha del Orgullo pasó con una gloria inusitada, aunque los medios le dieran tan poco espacio. Cien mil personas dando testimonio de su posiciòn. ¿Cuánto político daría la vida por llenar esas cuadras que van desde Plaza de Mayo al Congreso con gente bailando, arengando por una causa común, sin el menor peligro de desmanes y hasta aguantándose el pis durante horas porque al gobierno de la ciudad no se le ocurre que tamaña convocatoria merece unos baños químicos? Por otra parte, el hecho de que la flor del debate se abriera en el Congreso impulsó a las consultoras a hacer encuestas sobre el asunto. A la del diario La Nación que citábamos la semana pasada se suman otras, esta vez realizadas por profesionales, cuyos resultados deberían dejar en paz a quienes bregan por el bien común: el 66,3 por ciento de los argentinos apoya la legalización del matrimonio homosexual. El 68 por ciento de los encuestados consideró, además, que su legalización "ayudaría a combatir la discriminación", indicó el sondeo realizado por la consultora Analogías, a pedido del gobierno de Cristina Fernández.

Cerrada otra vez: pero estos datos, representativos de una mayoría a favor

de una minoría, no fueron suficientes para que el martes pasado los legisladores asistieran a la cita que ellos mismos se impusieron. En las comisiones faltaron diputados del radicalismo, del Frente para la Victoria y de PRO. "Lo que no se explica es que firmantes del proyecto que dieron su conformidad no están acá. ¿Qué es lo que evalúan los bloques del FpV y de la UCR para no venir?", se preguntaba Vilma Ibarra. Sólo asistieron 17 diputados de un total de 62. No aparecer no es votar en contra, es, peor que eso, dejar un proyecto de ley en el closet y tirar la llave en la sacristía. Obturar su discusión en el Parlamento es una concesión a una minoría conservadora que hoy presiona con más armas. Sin dudas, este closet podría ser una buena ofrenda para llevarle a un papa de prosapia nazi, pero una señal equívoca para quienes confían en la democracia y en sus procedimientos deliberativos.

Igual, como bien saben los cancerberos del bien común, la flor se abrió. Y cuando tal cosa sucede, no hay misa que vuelva atrás el milagro.

martes, noviembre 03, 2009

Cazando al homo

"¿Qué puede llevar a un niño de 11 años a tal estado de desesperación como para quitarse la vida? Me lo pregunto todos los días y probablemente nunca conozca la respuesta. Lo que sí sabemos es que Carl fue acosado implacablemente en su escuela." Con estas palabras, la madre de Carl Hoover-Walker, quien se suicidó en abril de este año, se dirigió al Congreso para pedir que se implementen las políticas antibullying en todas las escuelas de Estados Unidos. "Le decían gay, marica, se burlaban de su manera de vestirse y de moverse. Y la escuela no hizo nada, ni los maestros sabían qué responder. Sólo tenía once años, aún no se identificaba como gay o heterosexual o cualquier otra orientación. Era un niño. Todos esos chicos en su escuela que lo llamaron de tantas maneras lo hicieron porque creyeron que eran las más hirientes y dañinas palabras que podían usar para insultarlo. Y así fue."

Por estos mismos días aparecen estudios que reconocen un vínculo entre el acoso escolar y la tendencia al suicidio. La sensación de desprotección y de callejón sin salida que sufren los niños y niñas burlados sistemáticamente se ve potenciada por la actitud de los adultos: "Son cosas de chicos", "Esto en mi época también sucedía", "Con esto se va a hacer hombre, así es la vida". Estas frases aparentemente inocuas son, como mínimo, un acto de negligencia si parten de los profesionales de la educación. El encubrimiento, la vista gorda, refuerza la idea de que el que sufre algo habrá hecho. El que sufre no tiene a quien recurrir y en parte siente que ni siquiera se lo merece.

El círculo actualmente se cierra en el plano virtual con lo que ya ha sido bautizado como cyberbullying. Los menores son acosados vía mail y vía chat, reciben correos electrónicos que amenazan con divulgar un "secreto" vergonzante. Si bien existe ya una batería de software para evitar este tormento, menos costoso y eficaz sería hacer crecer a niños y niñas por fuera de la homofobia y sus prejuicios. Por el momento, mientras existan en la web juegos como "Cazar al homo", que fue producido en Francia, prohibido luego y es furor en Georgia (el país) entre el público infantil, la no discriminación es una utopía. El juego transcurre en una selva donde se pasean los nudistas gays a quienes los cazadores, ataviados de verde y con caras de machos, deben disparar para evitar que éstos se los violen. Los creadores del juego se asombran de las reacciones adversas que ha provocado el juego: "Pretendíamos reírnos de los cazadores y no de los gays". Y tal vez tengan su parte de razón. Es probable que al asunto le esté faltando un poco de sentido del humor. Pero mientras haya suicidios y cazaputos, poco espacio queda para la risa.

jueves, octubre 08, 2009

¡Diferente? ¡de quién?

"Vaya, qué morro... ¡tener dos mamis!", dice Martín con su acento madrileño y revolea un poco los ojos como si en esa pirueta pudiera adivinar ese cielo que su experiencia de 4 años le promete en la chance de tener más de una madre. Pero el libro que mira, el mismo que ha compartido en la escuela con su maestra, va más lejos todavía: dice "Está bien tener varias mamás" y entonces el niño se anima: "Dos mamis, cien mamis..., bueno, mejor me quedo con cinco". Martín vive en España, donde la campaña Escuelas sin armarios, impulsada por organizaciones lgbtti, ha impulsado el ingreso a las aulas de libros como éste que ayuda a Martín a fantasear: Está bien ser diferente (Todd Parr, RBA Libros). Es cierto que en la traducción —el título original es It's ok to be different— el "está bien" se vuelve un tanto sentencioso, como si fuera de la enumeración hubiera otras posibilidades que en cambio estarían mal, pero tanto las ilustraciones como las muchas posibilidades de ser y estar en este mundo lo que hacen, lejos de sentencias, es naturalizar lo que para ciertas miradas (o normas) podría ser diferente. Así conviven el "Está bien que te falte un diente (o dos o tres)" con "Está bien tener ruedas", "Está bien tener un gusano de mascota" o "Está bien decir no a las cosas malas" en un colorido jardín en donde todo puede pasar. Y está bien que así sea.

sábado, septiembre 05, 2009

Vita y Virginia

Mariana Docampo

Eran dos perritas. A una le habíamos puesto Vita y a la otra Virginia, aunque sabíamos que Vita era llamada Alicia por sus dueños, que eran los almaceneros del piso de abajo. Habían encontrado a Vita en la calle junto a Virginia y la habían adoptado sin preocuparse por la otra. Pronto supimos que Virginia no había tomado a bien la nueva situación y cada día iba a buscar a Vita para correr juntas por la cuadra o cruzarse a la plaza para jugar. Los almaceneros parecían no tener registro de nada, no había forma de que interpretaran las acciones de las perras como gestos de amor. En primer lugar porque se trataba de dos animales, y en segundo lugar (o tal vez el orden fuese inverso) porque eran dos perras. Una noche, mi sueño fue interrumpido por un llanto interminable. Con pantuflas y en pijama bajé las escaleras del edificio hasta el segundo piso (yo vivía en el tercero), y vi a Virginia aullando ante la puerta de los almaceneros. Al día siguiente, me contó el portero que había visto a Virginia dormida ante la puerta de su amiga, acurrucada y con la cabeza hundida entre sus patas. Tanta fue la pasión de Virginia por Vita que se las fue arreglando para infiltrarse en el edificio muchas otras veces. Tuvo que echar luz sobre esto una vecina de casi ochenta años de edad, un poco autoritaria y brutal que espetó en la cara de los almaceneros cuando fue a comprar fiambre: "Pero estas dos están enamoradas". Ellos (que funcionaban como una única voz a pesar de ser tres, madre, padre e hijo, y a veces incluso cuatro, esposa del hijo) no supieron qué hacer con las palabras dichas por la anciana y exclamaron al unísono: "¡Pero si son dos perras!". Ante esta respuesta, la anciana hizo una segunda observación, con tono sentencioso: "Pero estas dos son perras lesbianas". Todos nos quedamos mudos. La nuera dijo por fin, con tono culpógeno: "Pero no podemos adoptar a las dos, ya bastante que adoptamos a Alicia". A mí me pareció criminal; intervine: "Tal vez sería mejor que liberasen a Vita". El hijo exclamó: "Pero nos gusta mucho Vita, ¿no mamá? –y dijo aún–. Ya se van a acostumbrar... además, son perros, no Hombres" (esto ya me pareció dramático). "¡No son perros –exclamé con tono angustiado–, son perras!" En ese momento, todos miramos por la ventana y vimos como Vita y Virginia jugaban con unas ramitas. La anciana volvió a intervenir. "Yo creo igual que la chica –dijo por mí–. Suéltenla a Vita para que sean felices juntas." Yo levanté el rostro hacia la anciana. Los almaceneros también. Todos nos miramos en silencio. Sucedió finalmente que después de un rato a los almaceneros no les pareció sensato el consejo de la anciana ni las sospechas de lesbianismo de su perra, así que no soltaron nada a Vita y la siguieron guardando bajo llave. Virginia siguió ingresando cada noche por algún escondrijo del edificio y hasta donde yo supe continuó pasando cada noche, dormida o aullando, a la puerta de su amada.

lunes, agosto 17, 2009

Coronas de plumas


Reyes que mueren por amor, reyes que son traicionados por sus favoritos, reyes que fingen amar a unas reinas con quienes en su vida han pernoctado, de ellos están repletas las alcobas de las cortes de la historia. Si las paredes de los reinos hablaran...

Facundo Nazareno Saxe

Eduardo II de Inglaterra


Hijo de Eduardo I y Leonor de Castilla, se casó con Isabel de Francia, con la que tuvo cuatro hijos. Pero el rey prefería el abrazo de Gaveston, su favorito. Abrazo largo que despertó el recelo de los nobles ingleses. Qué se puede esperar de un rey que hace a un lado a la reina para colmar de favores a su amado. Los nobles, celosos del poder de Gaveston, tramaron contra el rey. Gaveston fue desterrado a Irlanda y luego asesinado. Eduardo no lo soportó. Su llama se apagó poco a poco. Fue vencido y humillado por sus oponentes. Pero tal daño no resultó suficiente para la nobleza vengativa. Encarcelado en el castillo de Berkeley, Eduardo fue asesinado. La leyenda dice que los monarcas no podían tener huellas de violencia en su cuerpo. Por lo que el triste mito dice que Eduardo murió empalado con una espada al rojo vivo. Así no habría signos externos de su asesinato. Su cuerpo murió, pero su alma y su corazón habían muerto con Gaveston.


Luis II de Baviera


"El rey loco de Baviera" fue un apasionado de las artes. Después de escuchar la música de Wagner, desarrolló una pasión incontrolable por el músico que lo marcó de por vida. Joven y hermoso, a los dieciocho años se convirtió en rey de Baviera. Presionado por su soltería, se comprometió con la princesa Sofía en un casamiento que nunca se concretó. Además de su amor no correspondido por Wagner, su otra gran pasión fue el prusiano Richard Hornig, favorito y amante del rey por veinte años. Ante la muerte de Wagner, Luis se fue aislando en sus castillos románticos y la soledad. Lo que puso a todos los ministros en estado de alerta: lo obligaron a abdicar y lo recluyeron en el castillo de Berg. A los tres días de reclusión, él y su médico personal Gudden murieron ahogados en el lago Starnberg. ¿Suicidio? Nunca se supo. Sólo se supo que la nobleza bávara no estaba preparada para un rey como Luis II.


Enrique III de Francia


Tercer hijo de Enrique II y Catalina de Medicis. Rey de Polonia y rey de Francia a la muerte de su hermano. Su guardia personal era un grupo de jóvenes hermosos que fueron conocidos en la corte como los "mignons" del rey, que eran eso y mucho más (compañeros en las fiestas y orgías que el rey francés organizaba). El primero de sus favoritos, Joyeuse, lo traicionó, pero dio la vida por Enrique en la batalla de Coutras. Epernon, el segundo, lo acompañó hasta su muerte. Citando a Julio César y Alejandro Magno, Enrique legitimó su forma de vida y su corte. El rey terminó sus días solo y atrapado en disputas religiosas que fueron socavando su autoridad: odiaba a los católicos y a los protestantes. Fue asesinado por partidarios católicos de la Santa Liga (siempre la Iglesia, ¿no?). A nadie importó su desgracia: sus favoritos ya habían muerto hacía tiempo.


Federico II de Prusia


"Federico el Grande", hijo del rey Federico Guillermo I, un padre cruel y severo. En el ejército, el joven Federico conoció a Hans von Katte, un varonil y apuesto teniente rubio, amante de la música y las artes. El amor no tardó en surgir. Federico no quiso casarse cuando llegó el momento y se opuso a las decisiones de su padre, pensando en huir a Inglaterra. Su plan fue descubierto y los cómplices (Hans y otro amigo teniente) fueron encarcelados. El padre, que conocía de los amores de su hijo, se encargó de mandar a decapitar al hermoso teniente. El príncipe fue testigo desesperado de la muerte de su amado. Federico cedió y contrajo matrimonio. Pero a su lado siempre tuvo a un soldado, bello y hermoso, Fredersdorf, que estuvo con él hasta el final.

sábado, agosto 01, 2009

La amante que vino del norte. Entrevista: Elena Tabbita

"Elena pinta un mundo en el que quizá viva mejor, y yo entro por un rato en esos azules turcos que bailan en sus recuerdos, como olas de sal y de sol...", escribe la entrevistadora después de su encuentro con Tabbita, una travesti harta de la violencia de la prostitución —en esa situación estuvo durante 9 años en Francia—, de sus mitos y hasta de ese dinero que genera y se gasta tan fácil. Mientras sueña con vivir de su arte, la pintura, Elena piensa explotar el atajo del masaje erótico, "como para usar este cuerpo que me salió carísimo". Es que el costo de la feminización no sólo se paga en billetes, también en salud.


¿Fue en Brasil que tuviste ese problema con el aceite que te inyectaste?

—No, no, no... No creo que sea aceite...


¿Que creés que sea?


—Silicona, y pienso que mi cuerpo la rechazó.


¿Aceite de silicona?


—Bueno, no sé, pero aceite de avión seguro que no, porque me lo puse en varias partes y mi cuerpo nunca reaccionó mal. Me lo hice con una mujer en Brasil, una escultora de cuerpos que anda en un superauto y tiene una superclínica donde todas quieren ir a hacerse los mejores cuerpos. Lo primero que me hice con ella fue el culo y nunca lo rechacé. Lo tengo hace como 8 años. Y la mina tiene la mejor reputación.


¿Y con tanta reputación no pudo solucionar ese problema que te dejó en las piernas, llenas de moretones, con dificultad para caminar...?


—Es que yo nunca fui a pedirle nada.


¿Por qué?


—Porque ella no es médica...


¿Qué es?


—Es una esteta que se fue dedicando a ganarse la vida modelando cuerpos, nada que ver con la medicina.


¿Esa reacción tan negativa no vale para que le hagas un bruto juicio por prácticas ilegales?


—Seguro que podría, pero, ¿por qué que tengo que pensar que es culpa de ella? Tengo dos opciones: hacer una catarsis o denunciarla. Yo siempre preferí pensar que era algo que tenía que pasar, una experiencia demasiado fuerte como para decir que fue culpa de la boluda que me la puso mal o culpa del aceite... Aparentemente en ese momento fui muy drogada, en un estado catastrófico tanto corporal como espiritual...


¿Te costó caro?


—Carísimo. No es que me fui a una favela y entre amigas dijimos: "Che, vení que te pincho a vos y vos me pinchás a mí", como se hace tantas veces. Lo de ponerse cosas baratas es porque no hay plata para comprar algo mejor. Ella cobraba caro, andaba en un superauto. Yo tenía un culo chiquito y me hice un superculo con ella.


Siempre ronda este deseo de construirse, cierta insatisfacción, como una búsqueda de identidad a través de la cirugía plástica, las hormonas, el botox... Como un catálogo de instituto de belleza...


—Yo me puse las tetas y nunca tuve sensibilidad, ni la tengo. Tomé dos años hormonas y las dejé, a mí la hormona no me provocó ningún cambio en el cuerpo, ni en la mente. Si no fuera por la depilación láser y las extensiones... Me serví un poco de la tecnología, vamos a decir, para hacer arreglitos. Son cosas que ayudan a feminizarte.


Vos lo pudiste pagar con la plata que ganaste trabajando en Francia. Estuviste casi 9 años. ¿Dirías que la prostitución se puede llevar mejor allá?


—Se dan cosas buenas y malas, como acá, pero las malas se dan bien fuerte. Una gran marginalidad. Si hablamos de Francia, hay que hablar de la cultura árabe y toda esa onda que realmente es trash, muy trash. Hay muerte, hay violencia, hay drogas, todo lo que rodea lo marginal.


¿Nadie actúa?


—Creo que se ponen un poco más las pilas. De hecho hay 3 o 4 asociaciones diferentes que pasan por la noche cada día y nos traen en un camioncito café caliente cuando hace frío, nos regalan preservativos, reparten toallitas, charlan con nosotras, nos preguntan qué necesitamos. A veces nos traen chocolate caliente. Pero es gente que no puede impedir que haya violencia, que te rapten, que te violen, que te maten... Hacen lo que está a su alcance. Y van de barrio en barrio.


¿Hay muchos barrios de prostitutas, muchas zonas rojas?


—Sí, hay muchas zonas y muchas chicas. Sobre todo muchas negras, muchas africanas. Igual te digo que de lo que yo conocí, en Montpellier y París, las asiáticas y las latinas son todas muy lindas.


¿Mujeres?


—Sí, mujeres y travestis están mezcladas, cosa que me parece una boludez porque eso confunde a los clientes. Y es que las de Tailandia y Vietnam son alucinantes, son mujeres, tienen una estética andrógina de nacimiento, muy lampiños, mucha cabellera negra, menuditos, delgados, de manos y pies chicos, bajitos. Tienen todo a favor, los hijos de puta...


Vos también tenés una cara muy linda...


—Bueno, a veces eso tiene que ver más con una actitud... A veces no parecés tan mina, pero algo que te sale desde adentro te da eso femenino y es lo que el otro compra.


¿Qué más hiciste con la plata que ganaste en Francia?


—Yo hacía 300 euros diarios, con diez o doce clientes. Imaginate que allá un alquiler son 600 euros, en dos días me pagaba el alquiler. Pero todo lo que gané lo despilfarré.


¿En qué?


—En mi mente.


...


—Sí... Me lo gasté en viajar, en drogas y otras cosillas. Mirá, por suerte, gracias a Dios y gracias a la vida, aunque una vive experiencias malísimas, nunca podés cerrar la puerta y decir: "En este ambiente no se puede confiar en nadie". Porque es cierto que acá es todo muy turbio, pero en medio siempre hay gente que vale la pena.


¿Te molesta prostituirte o sentís algún tipo de goce?


—Ahora ya no hay nada de goce, hasta que pueda vivir de la pintura voy a ejercer la cosa alternativa de los masajes como para utilizar un cuerpo que me salió muy caro en cuanto a riesgo y en cuanto a dinero. Voy a ofrecer un masaje erótico. No quisiera prostituirme más. Ya estoy cansada. No quiero obligarme de nuevo a que se me pare la pija si el tipo no me gusta. Tengo 33 años y con todo lo que viví, te digo la verdad, si puedo, la idea es hacer masajes de verdad, pero bien hechos, bien vestida y linda, que no es lo mismo que te los haga una enfermera gorda, torta y fea.


Como en las películas...


—Bueno, la verdad, no sé... Si de repente se les para, una tal vez termine con un bucal, si el cliente quiere...


¿Te enamoraste alguna vez de un cliente?


–Bueno, a veces algunos me han gustado, hay mucho pendejo árabe... son muy lindos.


¿No es que los árabes son tan machistas?


—Culpabilizan mucho después de haber acabado. Son violentos en grupo, pero no cuando están solos. Encima, entre ellos está lleno de travestis árabes, pero no operadas: putitos árabes disfrazados de mujer. El 70 por ciento de nuestros clientes es árabe.


¡No me digas que te enamoraste de uno!


—Me duró más o menos dos años, pero no era un novio para ir al cine o cenar, eso prefiero hacerlo con mis amigos... Pero nos enamoramos realmente, a pesar de que para los árabes ser puto está prohibido... Fue una historia de amor, no fue un polvo, ni una amistad. Lo que pasa es que no podíamos llegar a mucho más: con los putos o los travestis en la cultura árabe no se jode... Y no dio para más.

jueves, julio 02, 2009

Mil años de perdón

Las Hermanas de la Perpetua Indulgencia son una congregación pagana de monjas que este año cumple tres décadas de activismo contra la homofobia. Nacidas en las calles de San Francisco, a partir de los años '90 se fundaron conventos en diversas partes del mundo siempre con la misma idea: humor y glamour al servicio de la diversidad.



Marta Dillon

La historia comienza con tres viejos hábitos donados a la caridad por las hermanas de un convento en una pacífica localidad de Iowa –justo Iowa, el devoto estado que consagró el matrimonio gay antes que California o Nueva York–. Corría el año 1976, faltaba un año para que Harvey Milk ganara la histórica elección para integrar la Cámara Legislativa de la ciudad de San Francisco y la campaña de los conservadores cristianos liderada por Anita Bryant –Save the Children– imponía plebiscitos a lo largo y ancho de los Estados Unidos buscando que se prohibiera a los maestros y maestras gays o lesbianas dar clase o tener contacto alguno con niños y niñas. Todavía se escuchaban los ecos del flower power cuando aquellos viejos hábitos negros fueron arrojados del convento de Iowa, todavía había hippies que rodaban desnudos por el barro proclamando la libertad de los cuerpos, del sexo y del amor. Todavía –y por un largo tiempo aún– las mujeres ponían a arder sus corpiños en hogueras como ceremonia de entrada a un feminismo que entonces se consideraba radical. ¿A quién podían importarle en ese contexto tres vestidos de monja, negros, largos, pacatos? De inmediato, a nadie. Pero tres años después, justo en la época en que hacían furor los Castro Clone –así se llamaba en el barrio gay por excelencia a quienes cultivaban su estética cual calcos de los dibujos de Tom de Finlandia–, los hábitos encontraron su lugar en el mundo. O mejor, encontraron su razón de ser sobre la piel de tres hombres que sólo le agregaron a su diseño original una especie de corpiño blanco sobre las orejas llamado wimple y salieron a la calle en plena Pascua para empezar a desperdigar su mensaje por el mundo: todos y todas merecemos la indulgencia, la indulgencia perpetua, el fin de todas las culpas. Ese fue el comienzo de una orden de monjas, las Hermanas de la Perpetua Indulgencia, que cuenta con sedes en diez países –incluidos Colombia y Uruguay– y que han sido reconocidas como herejes en un documento de la Iglesia Católica Apostólica Romana de 1987, justo después de que el papa Juan Pablo II se topara con ellas en su visita a los Estados Unidos ese mismo año.


Sister Kitty Catalyst, Sister Hysterectoria (madre reverenda) y Sister Vicious Power Hungry Bitch fueron aquellas pioneras de las que sólo queda su legado: la pintura blanca sobre la cara, la pistola que una de ellas llevó en esa primera marcha, la vocación divina de ser y no parecer: ser educadoras, entregarse a la comunidad a la que pertenecen, juntar dinero para darles a los y las necesitadas, distribuir alegría pero sobre todo indulgencias. Indulgencias capaces de aniquilar la culpa que tan bien construyeron las religiones en general con su discurso sobre el pecado, indulgencias robadas del tesoro de la Iglesia Católica –que por dogma administra cual si fuera el oro de la misma– y repartidas a quien más lo necesite. O a quien crea en el Purgatorio y la necesidad de acortar la estancia en él, ya que de eso estrictamente se tratan las indulgencias. Y tal vez por eso, porque entregan aquello que más se desea, sobre todo cuando el resto del mundo resulta hostil a las propias elecciones, es que la congregación de la Perpetua Indulgencia creció sin detenerse a lo largo de los últimos 30 años. Raleadas por el sida en los años más duros, sí, pero confirmadas en su vocación por esa misma crisis –como buenas monjas que son, ellas estuvieron siempre junto al lecho de los enfermos más necesitados de aliento y cariño–, la orden fundadora de San Francisco festeja este año sus tres décadas con muestras en distintos museos de la ciudad –desde la impresionante Biblioteca Pública hasta el Yerba Buena Center for the Arts– y un estado de cuentas que habla de más de un millón de dólares recolectados y donados a proyectos educativos, asistenciales y de prevención en relación con el vih sida y la comunidad lgbtti de su ciudad.


Pero, ¿quiénes son estas hermanas? ¿Son travestis, trans clowns, hombres vestidos de mujer? De todo, menos payasos, aunque en su servicio esté bien visto arrancar sonrisas. "En un principio –explica Sister Boom Boom–- éramos sólo hombres gays. Con el tiempo aprendimos a ser más inclusivas, tenemos miembros hombres, mujeres, trans y travestis... cualquiera puede sentir el llamado y convertirse en una hermana." Sin su hábito, Sister Boom Boom no acepta fotografías. "Me tenés que perdonar, en general si una hermana se niega a tomarse una fotografía es lícito dudar de que realmente sea una de las nuestras. Hay pocas ocasiones en las que se dice no: cuando se tiene la boca ocupada, por ejemplo, o cuando no está vistiendo su hábito." A Boom Boom le gustaría dedicarse al servicio por tiempo completo. Pero, admite, "las arcas de la Iglesia están cerradas para nosotras. La mayoría tenemos que trabajar para vivir en oficios terrenos. Por otra parte, imaginate cómo te quedaría la piel con doce horas de maquillaje blanco encima."


Es que esa máscara blanca sobre la que cada una de las hermanas monta su personaje –y su historia– es una rúbrica heredada de las pioneras, cuando el look sobrecargado era necesario para oponerse a una estética demasiado masculina para quienes llegaban al Castro, justamente, para desplegar sus plumas sin vergüenza. Por eso los nombres de las fundadoras aluden tanto al brillo como a la reivindicación de la mariconería: Sister Glitteri, Sister of Sissytine Chapel, Sister Pigmentia Stygmata, Sister Psychedelia, sister Vicious, Sister Anal Receptive...


Boom Boom es una de las más antiguas dentro de la orden y la primera en postularse, con hábito incluido, para un cargo público. De hecho, el mismo cargo que ocupó Harvey Milk. "Fue en 1982, después del incendio intencional de los Barracks Bath House (un sauna considerado peligroso, cuando el sida todavía era el "cáncer gay"). Conseguí 23 mil votos, estuve muy cerca de ganar." Fue el mismo año en que Sister Florence Nightmare y Sister Roz Erection, que también eran médicos, redactaron el primer volante sobre sexo seguro que se distribuyó en San Francisco y organizaron la primera vigilia de velas para llamar la atención sobre el problema del sida, bajo un lema que hoy puede hasta sonar dramático –"luchando por nuestras vidas"– pero entonces era apenas descriptivo. Desde entonces, las hermanas nunca dejaron de predicar el sexo seguro o bien la reducción de daños (ver aparte) en relación con la práctica del bareback en la industria del porno. Pero su verdadero salto a la fama se dio en 1987, cuando desenrollaron la alfombra roja que se había tendido en Union Square, San Francisco, para recibir al papa Juan Pablo II. Oficialmente reconocidas como herejes por el Santo Padre, las congregaciones empezaron a abrirse en el mundo: Francia, Inglaterra, Rusia, Holanda; Colombia y Uruguay en América latina, aunque ambos conventos se abrieron recién comenzados los años 2000...


"La nuestra es una forma distinta de entender el activismo. Y de juntar dinero, querida, vivimos en un mundo capitalista... aunque no sé por cuánto tiempo", sentencia Boom Boom con la resignación que le dan los años y el camino espiritual emprendido. Porque aunque la actividad más visible de las hermanas sea, en pleno 2009, pasear por el Castro su preciosa impostura, cada una tiene su ministerio y su alma bien templada para enfrentar la adversidad. Entre sus miembros honorarios no sólo están quienes murieron por el sida, durante una crisis que todavía hoy no se termina. También está Sister Lost and Found (perdida y encontrada), quien antes de suicidarse fuera un adolescente que abandonó su iglesia en el Centro Cristiano de Sacramento donde lo obligaban a cantar canciones homofóbicas. "Las hermanas fuimos a manifestarnos frente a ese coro nefasto y él hizo su coming out ahí, frente a todos. Después el Estado lo obligó a volver con su familia y de alguna manera, también a buscar una salida desesperada. Mientras haya un solo adolescente que siquiera piense en el suicidio por homofobia, nuestro ministerio tendrá sentido."

martes, junio 02, 2009

Queremos tanto a Tato

Sandra Russo

El humor político televisivo funciona siempre y funciona mucho en todas partes, en cualquier época. El humor político es uno de los síntomas más fuertes de libertad de expresión. Las dictaduras no toleran el humor político. No se quejan de él. No lo refutan. Lo prohíben. En estos días se pudieron ver, como parte del operativo de prensa montado alrededor de Gran Cuñado, imágenes de archivo de muchos de los imitadores que en los últimos años tomaron rasgos físicos y muletillas de presidentes o ministros. Cuando esas caricaturas audiovisuales superaron en visibilidad a quienes las habían inspirado, después el hombre o las mujeres reales parecían a su vez imitadores de su propia imitación.


La imitación ha sido tomada durante estas últimas décadas, genéricamente, como humor político. Pero en el territorio fundante del humor político televisivo sigue reinando Tato Bores, cuya herramienta nunca fue la imitación, sino el lenguaje. Sus monólogos eran radiografías caricaturescas de la realidad que los espectadores palpaban en la realidad. El talento de Tato radicaba en correr de registro la realidad, en leerla en modo oblicuo. El humor brotaba en las contradicciones, en los remates descolocados, en la incertidumbre del monologuista, en las complicidades con el público.


Estamos muy lejos de encontrar otro Tato Bores. Estamos lejos, también, de que la televisión de hoy le dé cabida a un talento como fue Tato Bores, si es que asomara. Hoy el rasgo principal del humor político consiste en simplificar el género, que siempre funciona tanto, con caricaturas vivientes que emiten muletillas y son festejadas cuando el público "reconoce" al personaje real.


La televisión de hoy no permitiría un emergente, si lo hubiera, del humor político que cultivó Tato Bores, cuando todavía la televisión no había desarrollado y puesto en marcha todos sus atributos de manipulación política. Las nominaciones y sentencias de un presunto "voto telefónico" no fueron tales, porque el programa fue grabado. Pero el "Cristina, estás sentenciada" quedó vibrando como un veredicto, cuando fue nada más que un gag de producción, un remate del guión.


¿Cuánta libertad de prensa habrá en los canales de televisión ahora? ¿Cuánta mutiplicidad de ideas, que es lo que supone la libertad de prensa, se estará convirtiendo en una sola voz continua que ve las cosas de un solo punto de vista? ¿Hasta qué punto en América alguien puede ser crítico con Francisco de Narváez y en Canal 13 con Reutemann o un gran ruralista? La televisión, como gran parte de las emisoras de radio, se han convertido en dispositivos de disciplinamiento de la opinión pública. No hay voces discordantes ni periodistas molestos para el discurso hegemónico de los grandes y pequeños grupos.


La operación de Tinelli, esta vez, cruza del 13 a América, todos los días, sin falta, con Jorge Rial midiendo el minuto a minuto de Gran Cuñado y dando los resultados como si fuesen los electorales. Así, la televisión es nuevamente su propia caja de resonancia, más potente que cualquier spot, más impune que cualquier spot, más perversa que cualquier spot. El discurso que no tienen los personajes de Gran Cuñado se lo ponen las decenas de conductores y presentadores que al día siguiente comentan Gran Cuñado.


El vertiginoso, consistente monólogo de Tato se ha convertido en una masa informe de comentarios sobre el programa de Tinelli que se incrusta en el aire que respiramos todos, los que elegimos ver o no ver ese programa. La masa de comentarios es una nube discursiva de la alta densidad de boludeces y prejuicios. Ese es el texto del humor político de Gran Cuñado. La resaca de comentarios gomazos que distraen la atención del público de los discursos reales de los protagonistas.


Tato Bores nunca se alejaba de los discursos reales de los protagonistas. Precisamente a la inversa, su disparador era la palabra que había quedado flotando, la interpretación de un conflicto, los temas que eran de máximo interés en cada época. Tato Bores hacía un humor político que partía del respeto íntimo del actor a la política y un testimonio de su fe democrática. Lo de Tinelli es más Tinelli, una vuelta de página más del universo gomazo en el que todo y todos son lo mismo, materia prima de minuto a minuto, pasto para el chiste que circula como si quien lo emite fuera un desodorante de ambiente colectivo. Pero el problema es que Tinelli es parte de la polución.

jueves, mayo 14, 2009

Poema lésbico. Soneto CXLV. A su retrato.

Este que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;
´
éste, en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido,
´
es un vano artificio del cuidado,
es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:
es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y,
bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.

domingo, mayo 03, 2009

Poesía lésbica. Detente Sombra.

Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.
´
Si al imán de tus gracias, atractivo,
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?
´
Mas blasonar no puedes, satisfecho,
de que triunfa de mí tu tiranía:
que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.

martes, abril 21, 2009

Víctimas sin nombre

Despreciado por la izquierda en la que de todos modos se inscribía, el Frente de Liberación Homosexual tuvo una vida breve que se extinguió poco antes del comienzo de la última dictadura, cuando el terror empezaba a diseñar su método con sangre y ausencia. "Vivir y amar en una patria liberada" era la revulsiva consigna que enarbolaron, aun cuando para los disidentes sexuales la persecución y la tortura no pedían pruebas de fervor militante. Ser o parecer era suficiente para que la saña moralista cobrara sus víctimas, víctimas que todavía hoy no son reconocidas, ni inscriptas por el Estado.


Alejandro Modarelli


"Hay cadáveres", escribió Néstor Perlongher en uno de sus viajes en micro entre Buenos Aires y San Pablo, ciudad en donde más tarde se quedó a vivir. Y con esa certeza de devastación comenzó a trazar, en 1981, uno de los más respetados poemas de la literatura argentina de las décadas finales del siglo XX, donde buscó hacer inteligible, para sí, para los otros, las condiciones de posibilidad de la última dictadura.


Imposible esquivar aquellos cadáveres en el pantano donde creció la tragedia argentina. Ni tampoco la figura del poeta —sociólogo y antropólogo también— que los alumbró con su pluma, seguramente el más conocido de los agitadores del Frente de Liberación Homosexual (FLH). El grupo, formado por un grupo de disidentes sexuales de extracción gremial e intelectual, había nacido un año antes de que comenzara la década del '70 y fue disuelto poco antes del golpe de Estado de 1976, cuando ya en las admoniciones, balas y amenazas de la derecha peronista —aquel Osinde, aquel López Rega— se iba fabricando el futuro perfil del desaparecido, dentro del cual podía cuajar el activista homosexual, por su loco afán de subvertir las normas represivas.


La consigna era "Amar y vivir libremente en un país liberado". En esos tiempos, en América latina, era impensable separar la "liberación homosexual" del camino revolucionario.


Pero la revolución en Cuba y, por tanto, en la Argentina —ya lo había advertido Fidel— no necesitaba peluqueros. Y los esfuerzos del Frente de Liberación por sumarse a la izquierda revolucionaria se parecían en mucho a la seducción de la dama en el amor cortés; el objeto amado, por más prenda de amor que las locas pusiéramos a sus pies, seguía siendo inaccesible. "No somos putos, no somos faloperos, somos soldados de FAR y Montoneros", respondía el peronismo combativo cuando la cercanía de los maricones se convertía en amenaza de ablandamiento. Así de peligrosa parece ser la seda en el cuerpo del soldado. ¿Qué promesa de paraíso les quedaba entonces al FLH? Hace unos días, Antonio Cafiero, cuando se le preguntó sobre la agrupación Putos Peronistas (que no tenía idea de que existía), reconoció que a los homosexuales, en aquella época, no los querían ni en el Partido Justicialista ni en la amistad. Héctor Anabitarte, testimoniante en Fiestas, baños y exilios. Los gays porteños en la última dictadura, me contó que junto con otros activistas del FLH fueron a conversar con asesores de Cámpora, muy solidarios ellos, que le aseguraron que cuando tomasen el poder, los homosexuales tendrían la posibilidad de curarse en campos de rehabilitación.


Al amor frustrado del activismo gay por los revolucionarios le siguió marzo del '76. Unos meses antes, desde la revista El Caudillo, López Rega llamaba al exterminio de los homosexuales, y asociaba la reciente visibilidad contestataria de "esos pervertidos" a un delirante complot del marxismo internacional. El artículo se llamaba "Hay que acabar con los homosexuales" (un título que se prestó a tantas bromas), y ahí aparece la caricatura de un barbudo travestido diciendo: "Ahora trabajamos para los montoneros". Enseguida, el FLH pasó a la clandestinidad. El aviso había llegado a destino; los apellidos de los activistas se trastrocaron en nomes-de-guérre y, en boca de Perlongher, la clave para darse cita en el barrio de Flores pasó a ser un comentario literario sobre Las Flores del Mal. La dictadura, después, no fue mucho más original que la Triple A en sus propuestas, y le tocó a un jefe policial dar la orden de "espantar a los homosexuales de las calles", junto a cualquier otro grupo que complicase la imagen de saludable argentinidad, justo cuando se organizaba el Mundial de Fútbol.


Pero la vida fluye entre las heces, y en la misma carroña se gesta a menudo una hermosa obra de resistencia. ¿Cómo amar y vivir libremente en un país que no sería jamás liberado? La libertad, se sabe, alcanza su punto heroico de expresión en la negación monstruosa de su principio. Y entonces hasta los baños públicos de estación —las teteras— pueden tomarse por trincheras del grito sagrado. Incluso ahí, entre las moscas, Eros convierte la soledad y el sufrimiento de una loca bajo la represión de una dictadura en la posibilidad de un buen polvo y de una bella amistad o un largo romance. Los andenes del ferrocarril se transformaron en lugares de sociabilidad, en una ciudad donde se había extinguido cualquier otro espacio público de encuentro y las fiestas privadas conocidas como parties se organizaban a hurtadillas. O con la complicidad de vecinos más liberales, como en Tigre. Vaya a saberse en qué momento caería la policía en la casa emperifollada, y habría que emprender un viaje en patrullero subida a los tacos de mamá o, como en el caso de un señor Bunge —hasta la aristocracia a veces debía dar explicaciones—, con una frutillita de plush sobre la zona picante del slip.


Como el subsuelo de las instituciones masculinas cerradas parece encontrar siempre alguna inspiración en los films de Visconti, o en las orgías de las SS del señor Hitler, circularon testimonios sobre encamadas de militares en la mismísima comisaría de la Casa Rosada. O relatos sobre una cofradía de policías, tal como lo menciona el periodista Sergio Núñez en su artículo "La represión sexual en el Proceso", que fueron pescados in fraganti en una casona en las afueras de Buenos Aires, amándose colectivamente a la manera de Tiberio, y por eso separados de inmediato de sus cuadros.


Quién sabe, esos uniformados aficionados a la decadencia romana pertenecían quizás a la Brigada de Moralidad, y por tanto se dedicarían con fruición perversa a aplicar el inciso 2º H, por escándalo en la vía pública. Porque, tantas veces ocultos en el deber de vigilar y castigar, los muchachos de moralidad solían dar rienda suelta al placer al que buscaban dar caza, y si no chantajeaban a su presa, se entretenían en mamadas.


A pesar de que las comisarías fueron una especie de contra-living de las locas errantes, interceptadas a diario en la calle, donde se humillaba sobre todo a las que llevaban la marca exclusiva de su pasividad en el pantalón ajustado o en los bucles oxigenados, no hubo en el informe Nunca Más datos de desapariciones, o de torturas, a causa de la orientación sexual. Pero, según contó Carlos Jáuregui, el rabino Marshall Meyer —miembro de la Conadep— le había asegurado que, si bien no habría sido el motivo principal de su desaparición o castigo, la homosexualidad de la víctima era razón suficiente para mayores sañas. Además se habrían hallado listas de detenidos donde al costado de algunos nombres se señalaba si pertenecían a un "puto" o a un "judío". Una travesti, no hace mucho, denunció haber pasado por el Pozo de Banfield, con las consecuencias que no son difíciles de imaginar. En 1982, un comando homofóbico de nombre marcial se adjudicó la muerte de decenas de gays en Buenos Aires. ¿No será hora de que se reclame al Estado el reconocimiento de las víctimas Glttbi, así como, a instancias de la DAIA, lo hizo con relación a las víctimas judías?


Perlongher, como muchos otros gays, lesbianas y trans bajo la última dictadura, si no con un revólver sobre la frente, se fue harto del caldo del autoritarismo y la homofobia. Un chonguito, pareciera que soplón de la policía, le armó una emboscada y la loca de Avellaneda pasó dos años en Devoto, y su culo desnudo, "descubierto en una fiesta negra", ilustró una revista amarillista, creo que Así.


Muchos gays creyeron que con el advenimiento de la democracia, en 1983, comenzaba el asalto al Palacio de Invierno de todas las represiones argentinas. Que el mismo Alfonsín se convertiría en ángel de la Historia. Pero el nuevo ministro del Interior mantuvo en pie el ala homófoba del Palacio, y junto con discotecas gays y lésbicas, ahora fácilmente reconocibles en la cartografía urbana, ay, llegaron las primeras razzias policiales en democracia. De algún modo (al modo en que Néstor Perlongher escribió en "Cadáveres"), en esa Argentina post-dictadura, demasiados perseguidos u olvidados seguían con el agua hasta el cuello.

miércoles, abril 01, 2009

Mujeres de alma fuerte

A las mujeres de Palito, una de las villas más grandes de La Matanza, no les tiembla el pulso para demoler las casillas del hacinamiento y reemplazarlas por viviendas dignas; ni tampoco cuando de arrancar a sus hijos del paco se trata, mientras les gritan a los cuatro vientos que los aman y los quieren vivos.


Noemí Ciollaro

Las más ancianas cuentan que promediando la década del '50 llegaron los primeros pobladores de lo que hoy es el barrio Almafuerte. Dicen que eran desalojados y desalojadas de la Capital, desocupados, pobres sin techo. Delimitaron sus terrenos y el sendero que conducía a lo que actualmente es Camino de Cintura con tacuaras. "Poné palitos", les decían a quienes recién llegaban para que marcaran los límites de su lote. Así nació la histórica villa Palito, una de las más grandes de La Matanza, enclavada en el corazón de San Justo.

Contenida por Camino de Cintura y las calles Peribebuy, Crovara, Alcorta y Gibraltar, aloja a aproximadamente diez mil habitantes y está partida en dos mitades que grafican la razón de la ebullición constante que se vive allí.

De un lado, cual Sarajevo matancera, están los escombros de las típicas casitas villeras demolidas, y algunas que siguen en pie esperando su turno para ser alcanzadas por el Plan de Urbanización implementado por el municipio con fondos de la Nación. Del otro, más de 700 casas ya habitadas, nuevas y coloridas, de material, con tres y cuatro ambientes, luz, gas y servicios sanitarios, jardines floridos y enmarcadas en un simétrico trazado urbano. En ese sector también está la escuela, el centro comunitario y la sala de primeros auxilios. Todo se construye con la población organizada en cooperativas de trabajo que generaron empleo para cientos de desocupados y un lugar de gran protagonismo para las mujeres del barrio.

Al entrar por Camino de Cintura está lo que la gente llama el casco histórico de la villa, allí se alza la parroquia del padre Bachi, la Escuela de Oficios y el Centro de Contención y Desintoxicación para chicos con adicciones.

El objetivo que inspira el plan de urbanización de villas y asentamientos en La Matanza es promover la inclusión y desterrar la inseguridad y la venta y consumo de drogas. Palito constituye el ejemplo más avanzado que ya comienza a replicarse en Las Antenas, San Petersburgo, Puerta de Hierro y 17 de Enero, otras de las villas del distrito más grande del conurbano, con dos millones de habitantes.

El paco (pasta base), por su bajo precio, es hoy la droga de mayor consumo en los sectores más pobres; su poder adictivo y la destrucción que provoca golpea con brutal intensidad a chicos y jóvenes en las villas.



Nadie quiere morir, nadie

El padre Bachi es uno de los líderes del barrio, nacido en una villa del bajo Belgrano, y crecido en Palito a partir de que su familia fue desalojada de la Capital por la última dictadura. Basilicio Brítez, Bachi para todos, tiene su casa junto a la parroquia y ejerce su función las 24 horas. Pocas son las noches en las que alguna madre no le golpea la puerta porque hay un enfermo grave, una chica a punto de parir, pibes detenidos por la policía, o un chico drogado, inconsciente, casi muerto, que el cura alza de algún pasillo, carga en su camioneta y traslada hacia el hospital más cercano.



El 26 de junio de 2006, junto a una multitud con mayoría de mujeres del barrio y de otras villas matanceras, en coincidencia con el Día Internacional de Lucha contra la Droga, Bachi encabezó una marcha que con pancartas, murgas y rezos recorrió Palito, deteniéndose en las esquinas donde los pibes consumen tóxicos, y en los lugares donde paran los dealers. La recorrida culminó en la cancha del fondo, allí madres de chicos adictos explicaron qué es y qué hace el paco y dieron testimonio de lo ocurrido con sus hijos. Bachi convocó a todos a afrontar la realidad y a actuar en consecuencia. El centro de Contención y Desintoxicación es una de sus iniciativas, allí ya fueron internados muchos chicos que lograron detener el consumo e iniciar su recuperación dentro de la misma villa. Luego continúan el tratamiento ambulatorio en el centro comunal de Prevención de Adicciones de San Justo.

Mary, Clara, Nuncy, Sandra, Elsa, Gloria, Rita, Gregoria y más mujeres que brotan de las calles de Palito cuando Las12 recorre el barrio, son madres, hermanas, ayudantes solidarias, que llevan una lucha de casi tres años contra el consumo de paco a través del grupo "Hijo, te amo", que fue sumando voluntades y consolidando confianza, afectos y certezas acerca de que juntas todo es posible.

Mary, una mujer pequeña de fortaleza inmensa, fue la que para aquella marcha pintó un cartel en el que se ve a una madre con un adolescente moribundo en sus brazos y la leyenda "Hijo, te amo", hoy emblema de la agrupación.

Desesperada porque Javier (24), su hijo casado, con dos nenes, se hundía en el consumo, había perdido el trabajo y estaba a punto de ser abandonado por su familia, Mary fue la autora de la frase y relata, "yo ya no le podía decir hijo no te drogues, entonces pinté el cartel y le puse 'Hijo, te amo', que fue lo que me salió del alma. Javier andaba muy mal en ese tiempo, y me caminé todo el barrio con ese cartel y gritando ¡hijo te amo, hijo te amo! Como mamá pensé en Javier, pero era para todos, porque a los chicos una los vio nacer y crecer acá en el barrio y ahora los vemos así".

Javier se enojó mucho y tardó en comprender el dolor de su madre y la amenaza de la vida breve que lo acechaba. Bachi le dijo a Mary que ése era el nombre más apropiado para el grupo de madres, y ella siguió rezando, llorando y organizándose con las demás mujeres de Palito y de otras villas, para arrebatarles la vida de los pibes a la droga. Entre tanto, la psicóloga de la comunidad las contenía con reuniones para ayudarlas a sobrellevar el trance.

Un buen día, después de un año del episodio del cartel, Javier acudió a Bachi para pedirle ayuda, quería largar el paco pero no podía, dos veces huyó de la posibilidad de iniciar su recuperación. La tercera fue la vencida, la sombra del final le pisaba los talones, y cuando recurrió al cura éste lo alojó en su propia casa donde ya tenía ocho pibes más en recuperación, mientras se construía el Centro de Contención y Desintoxicación. "El Padre es único, para nosotros era todo mientras estábamos ahí, él tiró colchones en su casa que es chica, y cuando se levantaba tenía que andar esquivando pibes para ir al baño. No es que te querés matar con el paco, es que no podés parar, nadie quiere morir, nadie. La vida no es fácil en la villa, mantener a la familia, pensar que no tenés un futuro, yo lo único que quería era estar con los pibes en la esquina tomando y consumiendo, porque así no sentís nada, te parece que sos dueño de todo; pero dura poco y para volver a ese estado consumís de vuelta, cagás a tu familia, le sacás la plata, te vas hundiendo, pero no te querés morir. A mí la ficha me cayó cuando llegué una noche y mi mujer y los pibes se habían ido, no me bancaban más, ella laburaba y yo de joda en la esquina."

En el Centro los chicos pasan la internación, el tiempo más duro del tratamiento, atendidos por profesionales pero cerca de su familia y de Bachi. Al finalizar esa etapa tienen salidas esporádicas con acompañamiento terapéutico y una vez externados, continúan con tratamiento ambulatorio en los Centros de Salud comunales. La internación dentro de la propia villa, dicen, es de gran importancia, porque van a seguir viviendo allí, entre la gente con la que consumían, sabiendo por cuáles pasillos pasan los dealers. "Tener la familia cerca, que te visita durante la internación de seis meses ayuda mucho, es mejor que estar aislado en una granja, lejos de todo, porque el mundo no cambia, y a la villa tenés que volver, los que cambiamos somos nosotros, y la adicción es una enfermedad, no es que somos unos turritos", explica Javier.


Elsa, otra madre del grupo, salvó a su hijo de la muerte llamando a la policía, "él estaba mal conmigo porque lo denuncié, pero algo yo tenía que hacer, o me lo mataban en la calle o se mataba él con el paco. Yo lo salvé, fue la noche que llamé a la policía, él estaba tirado como un perro en un pasillo del fondo y venían a matarlo dos tipos armados, me vieron y llamé al patrullero, los tipos rajaron y por un segundo no lo mataron. Macanas andaba haciendo, robaba para el paco, me robó a mí, a mis hijos y a esos dos también", dice Elsa y se quiebra en llanto, aunque hoy su hijo está recuperado y trabajando.

Los chicos y las madres continúan en la lucha, ellas ayudando con su testimonio y experiencia a mujeres que organizan grupos en otras villas. Ellos pasando el mensaje a pibes que están sufriendo y que los ven bien y les piden ayuda. "Con las chicas es más difícil –reflexionan las madres–, las familias las ocultan, en las mujeres está mucho peor visto, hasta ahora no se nos acercan madres de chicas que consumen, son menos pero hay y necesitan ayuda."



Con la maza y el amor

Las mujeres dicen que cuando se voltearon las casas de lo que llamaban "la calle de la droga" Gibraltar, al fondo, pegada al predio de lo que fue la fábrica Jabón Federal, respiraron con alivio, porque era el núcleo central de venta.

Delia, Susana, Laura y Yanet son integrantes de la Cooperativa Almafuerte de la urbanización en Palito, jefas de familia algunas, con hijos y nietos, antes empleadas domésticas o desocupadas, hoy, junto a cientos de mujeres más, son el alma de mucho de lo que allí ocurre. "Armamos los grupos de demolición, con lo que les dimos trabajo y sacamos a muchos pibes de la esquina. Cuando los chicos tienen amor, contención y objetivos, le ganás muchas vidas a la droga y les das herramientas para el presente y el futuro. Por eso también se hizo la Escuela de Oficios, allí se capacitan en tornería, carpintería, plomería, computación y otros talleres", relatan.

"A nosotras este gobierno y este plan nos cambiaron la vida, salimos de criar hijos y limpiar casas ajenas a convertirnos en técnicas, operadoras sociales, administradoras. El sueño de mi vida era ser secretaria, pero sólo hice 7º grado. Ahora me siento feliz, trabajar con todo el barrio, ayudar en las mudanzas, en la adaptación que necesita la gente, es muy fuerte y nos hace sentir que le devolvemos al barrio todo lo que nos dio", asegura Delia.

Junto a muchas otras mujeres que como ellas integran las cooperativas son las encargadas de administrar los fondos con los que se lleva adelante el plan de urbanización. "Hoy nos hicimos expertas en ladrillos del 15 y del 18, tratamos con los proveedores, vamos a los corralones a encargar los materiales, peleamos los precios y siempre ahorramos unos pesitos para agregar alguna comodidad más en las casas", cuenta Susana.

Entusiasmadas recuerdan que cuando les entregaron los prototipos de las primeras 28 viviendas del plan Techo y Trabajo vieron que las casas nuevas también tenían techos de chapa y pusieron el grito en el cielo.

"De ninguna manera las casas podían tener techo de chapa, les explicamos a los técnicos, el techo de chapa es el techo de la villa, el de la miseria, el de las goteras, el que te llueve toda la vida, el que no te permite construir para arriba cuando la familia se agranda", dicen categóricas.

Así fue como todos los planes de construcción pasaron a tener techo de losa y los proyectos originales fueron sufriendo modificaciones surgidas del intercambio y el conocimiento entre los técnicos y los habitantes de Palito.

Los sueños y las fantasías tienen un espacio y se reflejan en el estilo de cada casa. Sobre el diseño básico las familias pueden innovar, cambiar los colores, añadir detalles. Así es posible encontrar una casa azul, de dos plantas, para una familia numerosa, en cuya frente se destaca un balcón blanco de columnas redondeadas, en el que con sólo cerrar los ojos una puede imaginarse a Julieta asomada, mientras Romeo trepa la escalera de soga para acercarse a su amada.

En una esquina, al atardecer, una pareja de ancianos toma mate, ella riega el jardín y él ceba amargos y recuerda otros tiempos, "pasaron 50 años desde la última vez que se hicieron viviendas para los más necesitados en La Matanza, fueron las casas de Ciudad Evita, en ese tiempo todos creíamos que íbamos a vivir en barrios como ése, pero con el golpe del '55 se terminó todo. Por eso hoy lo que estamos haciendo en Palito es un acto de justicia, se lo decimos a los hijos y a los nietos de todos".

"A veces nos sorprendemos con las cosas que nos decimos entre nosotros, cuando se hizo el tendido de luz en las calles, un compañero muy querido, uno de nuestros líderes, Juancito Enriquez, dijo 'para nosotros la luz en la calle es como el árbol de Navidad en la casa, es eso, es como la felicidad'", relata Delia.

En Palito se festeja seguido, es como un premio que se dan todos por el arduo trabajo cotidiano, ese día las chicas duras bailan, cantan y lucen sus mejores galas hasta el amanecer. Los hombres del barrio dicen que sin ellas nada sería posible.



El espacio propio

Yanet es la más joven de las mujeres que dialogan con Las12, tiene 27 años, casada, con dos chicos, terminó la secundaria y es empleada, "yo nací y crecí aquí, me conmueve trabajar con las familias en el momento de la mudanza a la casa nueva, los acompañamos en todo ese proceso, es muy importante la contención, dejan la casa donde nacieron sus hijos y sus nietos, allí está su historia de privaciones, de alegrías y dolores, la dejan para ir a un lugar mucho mejor, pero igual hay angustia y nostalgia, todo es muy nuevo".

Las mujeres de las Cooperativas también arman talleres para los que provienen de las viviendas más precarias, allí les enseñan la utilización y las precauciones que hay que tomar con la energía eléctrica, el agua corriente, las cloacas y servicios básicos.

"Hay que pensar que venimos de acarrear agua en baldes toda la vida, de tener cortes de luz a cada rato porque los cables no soportaban tanta carga, de vivir en espacios mínimos donde en un mismo ambiente tenés la cocina, el dormitorio, el lugar para comer, es un cambio inmenso. De pronto te encontrás con que tenés un ambiente que es sólo la cocina, un baño completo, un living comedor y dos dormitorios, un patio, un jardincito adelante. Salís a la puerta y las calles son trazados perfectos, no hay pasillos, entran y salen sin problemas las ambulancias, los patrulleros, los carteros. Y además pagás tus servicios y tus impuestos", explica Susana.

Caminando por las calles de la urbanización se ven señoras juntando papelitos en las veredas, chicos chapoteando en pelopinchos armadas en los patios, pibes y pibas mateando al amparo de arbolitos incipientes. Aquí y allá la música de fondo, siempre entrañable, cumbia, rock, hip hop, tango, zamba, diferentes tonos para cantar penas y alegrías.

"Cambia la vida –dice Laura– los chicos dejan la calle, pasan mucho tiempo en su casa, empiezan a criarse de otra forma, traen amigos para hacer los deberes juntos, invitan chicos a dormir, se festejan los cumpleaños y vienen pibes de otros barrios, compañeros de colegio que antes no querían entrar a la villa. La familia empieza a funcionar de otra forma, desaparecen las discusiones por los espacios, cada uno tiene su propio espacio."

Cuando los chicos de Palito llegan a la nueva vivienda, se la pasan en el baño apretando el botón del inodoro. Antes tenían que salir de la casa, con frío, calor o lluvia, para ir al baño precario o a la letrina. Presionan el botón y se maravillan. Todo es parte de un mundo nuevo y de la dignidad que siempre fue tan esquiva.

martes, marzo 17, 2009

Los índices de la violencia

Vista de estas costas, España parece poco menos que un paraíso de la diversidad sexual, un faro cuya estela luminosa parece guiar los pasos de quienes en los países latinoamericanos insisten en luchar por los derechos de las personas LGBTT. Pero mientras las leyes avanzan en ese país en una dirección, la sociedad parece continuar lastrada por los prejuicios, tal como lo demuestra un informe presentado la semana pasada por la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB), en el que se revela que un 67,2 por ciento de los jóvenes homosexuales ha sufrido violencia psicológica o física en la calle, mientras que más de la mitad de los alumnos gays, lesbianas, transexuales y bisexuales han sido objeto de agresiones en la escuela. El informe puntualiza, además, que los ataques entre los jóvenes son más altos en el caso de los chicos que de las chicas. Pero el género masculino, además de ser el que más sufre, es a su vez el que más acosa: un 75 por ciento de los encuestados afirma que los varones son más homófobos que las mujeres. Así, y a pesar de las medidas legislativas que en los últimos años han contribuido al reconocimiento de la diversidad sexual y familiar en España, la discriminación sigue allí a la orden del día. Signos de que más allá de las leyes que permiten a gays y lesbianas casarse y tener hijos quedan todavía asignaturas pendientes.

domingo, marzo 01, 2009

Polvo leudante

En secreto, en silencio, en la intimidad del cuarto propio pero sobre todo desde la pantalla gigante de Internet, va leudando un subgénero pornográfico dedicado especialmente a mujeres que se excitan con mujeres. A contrapelo del porno tradicional, de las advertencias de una parte del feminismo y de la resistencia de muchas espectadoras, cada vez hay más realizadoras lesbianas dispuestas a calentar el ambiente. Ellas lo hacen para ellas y para las que las quieran ver.
´

Yuderkys Espinosa Miñoso

Hace unos días Luci (41) me contó que había encontrado en el messenger a Emi (39), una amiga común, que le había pasado un link para acceder a Playboy codificado gratis por Internet. Emi, según Luci, no podía ocultar su emoción de haber conseguido ese acceso gratuito. Ella es de esas amigas que andan con nosotras las feministas sin dejarse arropar totalmente por la ideología. Luci me contó que en cuanto Emi le pasó el link tampoco lo dudó y fue a visitar la página, no sin antes asegurarse de estar a solas en la casa y con ropa lo suficientemente cómoda. No pude sino recordar la época, por allá a mediados de los '80, cuando mi papá –siempre adepto a las nuevas tecnologías– había sido uno de los primeros en el barrio en instalar la TV por cable y yo tuve acceso ilimitado –a escondidas de mis progenitores, por supuesto– a varios canales porno que en esa época estaban incluidos en la programación básica. En ese entonces yo no era feminista ni tampoco lesbiana, pero recordé que aun así, luego de unos minutos suficientes para empujar la calentura, mi imaginación comenzaba a volar sola despegándose de las repetitivas y aburridas imágenes. ¿Cuánto habría cambiado el contenido y la estética de Playboy? Antes de ir a verlo por mí misma le pregunté a Lu: "Oye, ¿y qué tal? ¿Te gustó?" "Y... maso –me dijo–. Vos sabés, él entra y saca, como siempre."

La charla con Luci me dejó intrigada sobre la relación de las lesbianas con la pornografía. Así que días después aproveché una reunión para poner el tema. Sorprendida descubrí que mis amigas más jóvenes decían no consumir ningún producto pornográfico –¿la lozanía y vitalidad de su juventud haría que no necesitaran de estímulos extras?–. Para colmo, parecían bastante orgullosas de expresarlo públicamente. Como ejemplo, Ana (24), una de las potentes voces del grupo, me dijo con voz categórica mientras me miraba con algo de recelo por siquiera hacer la pregunta: "Nunca use ni miré pornografía porque es una práctica que violenta a las mujeres y con la que no me siento identificada". Sentí un ¡plaf! en la cara y avergonzada bajé los ojos. No pude preguntar más. Me sentí como una vieja verde atrapada en sus incoherencias: ¿acaso había yo perdido parte de mi radicalidad feminista? Recordé el amplio debate que se desatara en EE.UU. durante los años '80 a partir del surgimiento del movimiento Womens agains Porno-graphy, para el cual el dispositivo pornográfico no hacía más que reproducir un lenguaje patriarcal que violenta el cuerpo de las mujeres. Este debate había producido una fractura violenta al interior del feminismo y a un lado y otro se habían ganado aliadxs anti y pro pornografía con consecuencias importantes en el tratamiento posterior a cualquier temática referente a la sexualidad. De alguna forma estas compañeras de la nueva generación estaban reactualizando una postura antipornografía de la que yo y varias de mi generación intermedia habíamos declinado y que pensaba había quedado en manos de algunas representantes actuales de la generación del feminismo de los '70. ¿Lo sabrían ellas, estarían conscientes de esto, era producto de una toma de posición? ¿O simplemente esta postura se habría popularizado entre las lesbianas más allá del feminismo? En el bondi de vuelta a casa pensé en la necesidad de seguir ahondando en este tema tan poco trabajado entre nosotras. Más allá de la política, me pregunté por qué seguía siendo un tema tabú entre las lesbianas su relación con la fantasía, el erotismo, el placer... Como me comentó más tarde Laura (29), ¿no está el mundo de la sexualidad lesbiana –como el de cualquier otra sexualidad– "colmado de sentimientos oscuros que somos incapaces de traducir a ideología: ambigüedades, tristeza, entrega, irracionalidad, esa zona de sombra que está presente en todos los actos humanos"?

Escribí por e-mail a varias de mis amigas y conocidas. Quería que me contaran confidencialmente, sin tantos miramientos y rubores, qué les pasaba con este campo oscuro de la sexualidad: ¿eran ellas consumidoras secretas de pornografía? ¿Cuánto uso hacen y cómo acceden a estos productos? ¿Qué buscan y qué les ofrece el mercado porno?

"A veces yo consumo pornografía, pero lo hago con poca frecuencia", me confesó Sabri (29), que acababa de intentar con el Kama Sutra Lésbico, del cual la impactó no tanto el contenido –"nada del otro mundo"– como el hecho de que ¡uno de los autores fuera hombre! Con contundente inconformidad me dijo "eso es lo que pasa, lo que suelo encontrar son las clásicas imágenes destinadas al 'ratoneo' masculino con mujeres plásticas, en poses hipersexualizadas, muy armadas las escenas, cero espontaneidad". Feliz por esta primera y por otras tantas respuesta a mi mensaje desesperado, pensé que quizás entonces no sólo se trataba de una falta de interés de las lesbianas en consumir productos eróticos, no era que todas éramos tan "vainillas", ni asexuadas, ni tan políticamente correctas, quizá se trataba más bien de un problema de mercado. Una breve incursión nos permite dar cuenta de a qué nos referimos. A simple vista la industria porno está destinada a un público masculino y no tiene mucho que ofrecer ni a las mujeres, ni a las lesbianas de carne y hueso. A algunas lesbianas les calientan más ciertas imágenes potentes del deseo y la excitación masculinas que una representación ficticia del sexo entre mujeres, en donde el varón igualmente termina siempre siendo necesario. Ahora, si el "entra y saca" interminable de la representación porno clásica nos puede resultar indiferente, peor nos va con los productos que llevan el rótulo de "fiesta lesbiana": dos, tres, varias mujeres super femeninas de uñas largas y zapatos aguja, tocándose apenas y aburridamente mientras llega el falo que las penetrará. "Hace unos meses vi una película pornográfica lésbica y la verdad es que no me sentí aludida como audiencia potencial ni me atrajo lo que vi, de hecho, no la terminé de ver", me comentó Vane (34) para concluir expresando su incomodidad ante unos productos que no hacen más que colocar a las mujeres como objeto y no como sujeto activo del deseo. En su comentario, como en la apatía del resto, me pareció encontrar una expresión de esa ambivalencia en que se dan las vidas de los grupos marginales, que, atravesados por unos imaginarios y una inteligibilidad cultural con los que al mismo tiempo antagonizan, hacen así una crítica contundente de la que seguramente derivarán nuevas prácticas.

PIONERAS E HIJAS DEL PORNO

Como nos señala Beatriz Preciado en la presentación de la muestra Feminismopornopunk, montada a mediados del 2008 en España, la disidencia es la salida posible para habilitar otro tipo de producción que cumpla el cometido que el porno convencional no es capaz de ofrecer. Aunque Vane insista con que "la pornografía no podría ser otra cosa. De ser otra cosa, dejaría de ser pornografía", hay una comunidad de tortas, bisexuales, trans, putos, que se levanta más allá de las sospechas de cierto feminismo y de ciertas izquierdas, para opinar lo contrario. Hoy día a través de la red electrónica se puede acceder a canales exclusivos para públicos lésbicos. Desde productoras pequeñas que van ganando espacio dentro del mercado hasta producciones caseras que son subidas a la red por lesbianas aficionadas dotadas de cámara. Tina (39), líder del Movimiento Unificado de Minorias Sexuales en Chile, confirma esta tendencia: "Hemos filmado imágenes con amigxs en donde simulamos prácticas sexuales, no nos calentamos en el momento, pero al verlas, la actuación calentó la atmósfera y se removieron algunos pliegues corporales. Gusto de estimular mi deseo, pero gusto de una estimulación más amplia en donde las imágenes, para efectos de mi calentura, se relacionen directamente con la apertura de otros deseos, de alimentarme con nuevas prácticas que surjan desde allí, no como un modelo, si no como un detonador de nuevos placeres".


En está línea de actuación se vienen desarrollando desde los años '70 intervenciones desde el arte y la performance que intentarían por un lado denunciar al tiempo que apropiarse del dispositivo pornográfico. Los trabajos pioneros desarrollados por Annie Sprinkle –a quien debemos la reapropiación de la expresión "post-pornografía" (http://www.anniesprinkle.org/)–, Lynda Benglis –artista estadounidense que en 1974 provoca un escándalo al aparecer en la revista Art Forum totalmente desnuda en pose típica de una trabajadora del sexo de Playboy, con una mano en la cintura, gafas de sol, y un enorme pene sintético en erección (http://jugaresiempre.com/identidadesfeme)–, Del Lagrace Volcano –terrorista del género, fotógrafo y activista trans de Reino Unido cuya obra introduce a la esfera pública una representación del erotismo y las sexualidades de los cuerpos trans (http:///)–, entre otrxs, han marcado el camino. Un caso paradigmático es el de la escritora y productora porno Virginie Despentes (Francia, 1969). Pasó de ser una escritora marginal a convertirse en una de las voces más destacadas de su generación. La popularidad le llegó en 1993 con su novela Fóllame (Mondadori), llevada al cine bajo su propia dirección y que narra la violenta historia de dos prostitutas convertidas en asesinas en serie. Despentes extrae de su biografía –en la que figuran la violación, la prostitución y los trabajos basura– buena parte de su material de ficción y también de reflexión. Cuando se le ha preguntado por dónde empieza la revolución, ella ha respondido: "Convertirse en lesbiana sería un buen comienzo".
anna span tiene su propia tienda online en http://www.annaspansdiary.com/

jueves, febrero 12, 2009

Eros. La hoja en blanco del deseo

Contra lo que suele suponerse, identidad de género y orientación sexual no se inscriben ordenadamente sobre los cuerpos. Al contrario, el guión del deseo y la experiencia vital se escribe a diario cruzando todas las barreras del sentido común: genitales masculinos, identidad femenina, deseo lésbico, por ejemplo, pueden convivir en la misma y personal historia; y ésa es sólo una de muchas posibilidades.
´

Alejandro Modarelli

Su fisonomía y el nombre que ha elegido no se llevan bien. Al verla, nadie diría: "He ahí a Agostina". Los ojos de quienes la miran son siempre insuficientes para detectar su hondura femenina bajo la superficie machorra, y no pueden ver más allá de una figura de cuarentón medio compadrito. Así como no hay documento de identidad que registre su secreto nacimiento como mujer dentro del cuerpo biológico de un varón, tampoco hay espejo todavía que refleje el mínimo indicio de esa epopeya privada. Agostina parece, les aseguro, un tipo canyengue de camisa y pantalón, en el que el gesto amanerado, si lo hay, remitiría más bien a la cintura quebrada del bailarín de tango, el comercio cariñoso entre los dedos y el pelo, un poco demasiado negro, engominado y prolijamente atado en la nuca.


En su niñez, no obstante, descansaba ya de toda esa mampostería masculina en unas ropas sinceras e íntimas que usurpaba a la madre, en la soledad de su dormitorio. Más allá de su voz y los modales, o sus trajes clásicos de ejecutivo, Agostina fue creciendo en forma dolorosa en una cuna bajo la conciencia, sin ser al principio reconocida más que por un psicólogo, que un día en el consultorio le dijo: "Martín, habría que ir pensando si esta experiencia íntima que contás, que tanto te hace sufrir, no se trata, como creíamos, de travestismo ocasional sino más bien de otra cosa más profunda del orden de tu identidad, que habría que enfrentar y aceptar".

Para el terapeuta, había un nombre para esa certeza que tiene Agostina de que sus genitales, con los que fue arrojada al mundo, contradicen la propia percepción de pertenecer a un género donde cree que llevarlos se convierte en una catástrofe anatómica. Se trataría, dijo, de la vía alterna del transexualismo, un término en apogeo entre los psiquiatras ya en los años '50, para distinguirlo de lo que se llamaba desde mucho antes "travestismo". Aquella conciencia de desgarro, se supone, es diferente a la experiencia de género de las travestis, donde se convive y hasta se goza con la propia genitalidad, o las prácticas cosméticas y acotadas de las crossdressers, muchas de ellas montadas en la imaginería femenina apenas los fines de semana, unas veces como parte de una performance iridiscente; otras (soy testigo) sólo con el objetivo nocturno de cazar chongos difíciles.

Agostina aparece de noche en la cubierta del barco en el que hizo su hogar, y desde el que ahora saluda a sus invitados. El camino al Club Náutico de San Fernando, que nos condujo hasta ahí, se volvió breve mientras oíamos su historia de boca de Alicia, una amiga suya que reasignó su sexo en el año 2006, y la ayuda ahora en ese complejo recorrido, donde la estación final, de haberla o de desearla al cabo, es la vagina: "Agostina recién se está hormonando, y todavía no hay en ella ningún signo de feminidad. Es muy masculina, en eso llama la atención. Es que carga con la sobreadaptación. Es decir, peleó tanto contra el sentimiento de ser mujer, y se avergonzó tanto, que terminó adoptando los modales de un chongo. Actúa así, por hábito".


Alicia, que fue Alejandro, se reconoce en esa sobreadaptación de Agostina a las formas masculinas. Hasta pasados los cuarenta años vivió en matrimonio, con una hija y un puesto gerencial en una multinacional, a la que se vio obligada a renunciar. Había jugado al rugby, manejado lanchas, vestido por un tiempo el uniforme militar. El matrimonio no la hacía infeliz, pero el fingimiento de una esencia viril, sí. Había amado a su mujer, aunque tuvo que ocultarle hasta donde pudo la valija con ropa femenina que escondía en el baúl del auto, y las aventuras en público cuando iba vestida de acuerdo con su verdadero género, midiendo la reacción de las miradas: "Cuando se lo conté a mi esposa hubo un período de separación, pero volvimos a convivir con la promesa de que yo iba a renegar de mi verdadera identidad. Se terminó pronto el intento, y además perdí el trabajo cuando anuncié que me operaba. ¿Si sigo considerando deseables a las mujeres? La verdad es que puedo enamorarme de una mujer o de un varón, y tener buen sexo. Yo soy medio lesbiana, digo siempre. Y por más rechazo que sentía por mis viejos genitales, disfrutaba con mi esposa. Hubiera seguido casada, ya operada, si hubiese podido. Mi disforia no pasaba por la orientación sexual o la atracción circunstancial".


Así parece ser. Eros es poeta barroco, como el universo en acción, y casi siempre deja de explicarse en un lenguaje diáfano, porque lo cree insuficiente. La atracción o el deseo son siempre desbordantes, incluso en su porción de pena, y la identidad de género no es pareja obligada de la orientación sexual. Agostina no ha tenido más sexo que con mujeres y ni piensa en varones más que para la amistad. De pie junto a ella, en la proa del barco, una chica de veintitantos actúa como su primera dama. Esa belleza del Paraguay que se llama Valeria y estudia medicina, incluso si fue amante suya alguna vez, pronto será reconocida por la Justicia como su hija adoptiva y no como esposa. La historia de ese ya lejano encuentro entre una mujer biológica como Valeria y una mujer secreta como Agostina no pertenece a la tradición poética del amor loco, o de la prostituta rescatada por un hombre de bien, sino a las historias de orfandades solidarias. El escenario de esa confluencia fue, sí, un prostíbulo del conurbano en el que la paraguaya había sido encerrada desde la adolescencia y adonde llegaron "de putas" Agostina con unos amigos. La primera visita fue la de obvio reforzamiento de vínculos masculinos, juegos bobalicones de sobreadaptación. Las tres visitas posteriores fueron ya solitarias, y tuvieron como destino que Valeria pasara a compartir la casa de Agostina. Y hoy espera convertirse en su hija. Fue precisamente ella quien, a través de Internet, se ocupó de vincular a su futura madre de adopción con una organización que pudiera orientarla. Fue ella, también, quien la rebautizó con el nombre de Agostina; no pregunté la causa. Ya se sabe: los disidentes sexuales atraviesan en su destierro sucesivos nacimientos, muchas veces por fuera de los vientres y cuando las familias biológicas, como la de Agostina, renuncian al amor o el reconocimiento. Aparecen entonces hadas queer, o hijas espontáneas como Valeria, que al revelar el error como un hermoso campo de trascendencia individual, diluyen aquellos lazos de sangre que atan y hieren o los registros civiles que buscan siempre fijar aquello que se resiste o dejó de existir.


No hay sexualidad que no nos haga, por un momento, extranjeros para nosotros mismos, como el título de Julia Kristeva. Donde, de pronto perdidos, debamos adoptar otra lengua. Las novias de Agostina, cuando vieron que ella vestía su intimidad con tangas y bragas, habrán sentido que apoyaban su propio placer en una geografía nueva. "Me parece que muchas aceptaron seguir adelante por interés. Pensá que este barco impresiona, soñarán con una vida de rica junto a un empresario que verán como un loco. Valeria las huele rápido y trata de frenar el asunto." Alicia calla enseguida cuando ve a su amiga acercarse. Agostina se presenta como Martín. Recién cuando se hacen las tres de la madrugada y decae el karaoke, que arranca a los tímidos un mundanismo fugaz, se refiere a sí misma como Agostina. Entre los invitados hay conocidos suyos de siempre que la llaman sólo con su nombre de nacimiento. Uno de ellos dice al oído de otro que "para mí es un gay que no se asume". Quizás esa constatación, tan diáfana, lo tranquilice, porque siente que Martín es Martín. Aquellos otros que somos contemporáneos de su renacimiento sabemos desde el vamos que su cuerpo visible, vestido como está, es un trompe l'oeil, un falso indicio que nada dice todavía de su verdadera identidad de género. A quien saludamos, entonces, es a Agostina y no a Martín. No importa si ella en su exilio nos habla todavía de sí con el género masculino, es decir en la lengua de sus padres. Ese encierro gramatical es apenas consecuencia del temor a desterrarse para siempre. Tampoco sabemos si guardará entre sus planes la reasignación quirúrgica, o aceptará en cambio, siendo transexual, convivir con el irritante huésped entre sus piernas como lo hará con otra mujer cuando se enamore y la correspondan. Dentro de poco, el trabajo partero de las hormonas femeninas hará perceptible la transformación de su cuerpo: "Siento los cambios en la piel, un ardor en las tetillas. Pero todavía no me animo a presentarme en sociedad vestido como Agostina. Lo único que puedo confesarte es que llevo bombacha debajo del pantalón. Con Alicia me estoy sintiendo cómodo para usar ropa femenina. El otro día le pregunté si no le molestaba que me pusiera la ropa delante de ella, que eso me relajaba, me hacía sentir bien después de todo un día de estrés. Me quedé así en el dormitorio, charlando. A mis amigos, varones y mujeres, les debo todo ahora, y no te digo cuánto a Valeria. Pensá que mis padres no me quieren ni ver. Si me llegara a operar, cosa que sueño, ojalá pueda encontrar una compañera...


Cosa que sueño", dice Agostina. En el mudable universo, la operación es, apenas por ahora, un destino posible. "¿Pero entonces, si no se opera, será apenas un travesti?", pregunta el amigo de siempre al cirujano plástico detrás de la mesa de los sándwiches. El cirujano, que la estudia, no sabe bien qué responder. Para esos dos varones straight existe una dicotomía travesti/transexual que necesariamente fuerza una solución final para sostenerse. El quirófano celestial querrá hacer de Agostina una mujer inteligible, aunque en su caso lesbiana.


Ann Bolin, a través de sus estudios en la Sociedad Berdache, llega a la conclusión de que el paradigma de género de Occidente, que no da respuesta a la multiplicidad de posibilidades identitarias, oculta que la feminidad y la masculinidad no son estereotipos fijos sino que se expresan en un continumm sobre el que, por ejemplo, se desplazan de una manera más evidente (y ejemplificadora) travestis y transexuales. Que, para las travestis consultadas, por ejemplo, su diferencia con las transexuales es sólo una cuestión de grado. Por eso, Bolin reúne a unxs y otrxs bajo el término transgéneros de varón a mujer o a la inversa. La transgeneridad, en su deslizamiento entre puentes, impugnaría definitivamente el imperio de los órganos sexuales sobre el género de crianza, porque no hay ahí una relación inmediata entre ellos, y un varón transexual puede conservar su útero o, una mujer transexual si se opera, ser lesbiana. Contradiría así el guión de comportamientos sociales que les ha escrito la cultura tradicional a las mujeres y a los varones. Un guión en el que tiene su privilegio –que a veces es también su tortura– la voz del varón. De niña, mi hermana prefería el fútbol a las muñecas y nadie se opuso porque era una usurpación de roles muy simpática. Mi hermano, en cambio, acarició un día las muñecas y se las arrancaron con violencia, como si pudiera contraer por eso algo así como mujerismo mórbido. Yo, por suerte, o por astucia, cuando se trataba de asuntos serios, jugaba siempre a escondidas de mis padres.

La estridencia de un cuerpo pesado chocando contra el agua corta de golpe las charlas sinuosas en el living del barco. A pesar del frío de septiembre, Agostina hace de forma sorpresiva una performance de nadadora o, mejor, de clavadista. No se anda con gestos fifí a la hora de sorprendernos, y no tiene miedo a una pulmonía. Cuando sube las escaleras, empapada, sin haberse quitado antes el pantalón negro y la camisa blanca, me imagino que llegará el día en que, en otra pruebita como ésa, su ropa mojada dejará traslucir unos senos muy firmes. Y otros invitados varones la mirarán perturbados mientras ella reaparece después del chapuzón. Pero ojo: quien le vaya a echar la toalla a los hombros, y la bese con amor, no tendrá pito ni por asomo. Al menos por ahora ésa es la imagen que me hago de Agostina, operada o no, lesbiana parece que seguro, en un barco que esa noche flota en aguas raras, fuera de toda jurisdicción.


UN CLITORIS QUE OFENDE, UN PENE QUE PREVALECE

Al reclamar a los médicos que aparten la vista de los genitales de las personas intersexuales, la bióloga feminista Anne Fausto-Sterling cita en Cuerpos sexuados a la especialista en género Suzanne Kessler, para quien reivindicar a ultranza una identidad sexual separada con estereotipos fijos de varón o de mujer es un despropósito: "Debería admitirse una mayor variedad de varones o mujeres. Lo que tiene primacía en la vida diaria es el género, con independencia de la configuración de la carne bajo el vestido", protesta Kessler.


Cuando los médicos posan su mirada en los cuerpos de los intersexuales, creen estar en presencia de una agresión contra el cosmos, una herejía anatómica. Esos órganos sexuales confusos, mixtos, incompletos, ponen en cuestión sus convicciones sobre las diferencias sexuales, tal como ellos las patrocinaron y se empecinan en transmitir. ¿Adónde dirigir entonces el bisturí? Un clítoris demasiado grande ofende a la feminidad que debe ser receptiva y púdica; un pene minúsculo no es una verga orgullosa ni un falo que prevalece, y por tanto esa nadita deshonra la masculinidad. Pero una vez tomada la decisión de favorecer a unos genitales o a otros, ¿concordará esa preferencia del médico con las preferencias sexuales del paciente? Es decir, ¿se afiliará éste al correcto orden heterosexual? ¿A cada pija mimada corresponderá un machito con todas las letras; a cada concha por la que se optó, eso sí con un poco de pena, le será destinada una hembra casadera?


Tanto los intersexuales como los transgénero interpelan desde su diferencia el sistema unívoco en que reposan el género y el sexo en Occidente. Por eso, apoyados en diagnósticos psicológicos, hay jueces que al favorecer la reasignación de sexo y el consecuente cambio del documento de identidad prefieren utilizar en lugar del nombre de persona transgénero, siempre lábil, el de paciente con trastorno de la sexualidad y la identidad. O con disforia de género, quizá por parecer revestidas todas esas categorías de una mayor legitimidad clínica y lingüística a la hora de los permisos judiciales.


Porque mientras que a lo trans –y a lo inter– equivalen como imagen inmediata, se me ocurre, fronteras porosas en las que el cuerpo y las identidades hacen y deshacen un poco por las propias, expanden o contraen sus elementos femeninos o masculinos, el peso médico-jurídico de la voz trastorno, síndrome o disforia pareciera buscar un anclaje definitivo y prolijo en uno de los polos admisibles tanto del sexo como del género. O se es varón o se es mujer, con la mayoría de los signos exteriores que hagan posible su identificación. Al malestar, o a la incertidumbre, ante el género de crianza le corresponderá, entonces, una salida custodiada hacia otra patria segura para que, con sus fugas o rebeliones, ni intersexuales ni personas transgénero develen la falsa consistencia del cuerpo sexuado de la sociedad. La patria heterosexual, por ejemplo, obliga a quien reasigna su sexo al divorcio previo, si estuviera casado, para que no se produzcan matrimonios homo-errantes.


Mediante profusas tutelas, médico y juez buscan evitar que, quienes ellos clasifican desde el trono como los trastornados, se independicen de sus manuales sobre desórdenes mentales donde se los confinó, como el DSM4, y salgan a la calle vestidos como se les canta, reclamando ante las instituciones por sus derechos civiles igualitarios y confundiendo a los vecinos bien nacidos y crecidos.

Tanto es así que sólo una vez que el diagnóstico de trastorno de la sexualidad y el debido divorcio hayan sido confirmados, y la Justicia dé vía libre a la intervención quirúrgica, se autorizará un nuevo documento de identidad, que no borra sin embargo el de nacimiento. Hasta hoy, este pasaje por la medicina y sus nomencladores funcionó como estrategia necesaria para que muchas personas transgénero pudieran conseguir que los jueces fallaran a su favor. Pero hay que recordar el reciente caso de Tania, una chica trans de Mar del Plata, a quien el juez le autorizó un nuevo DNI con nombre de mujer, sin que tuviera ella en mente la intervención quirúrgica. Como su representación de calidad mujeril no pasa por tener vagina o no, se le permitió el cambio documentario por el solo respeto a su identidad de género, es decir a su forma individual de sentirlo. Toda una asonada, esa sentencia, contra el sistema canónico que busca hacer del género de crianza una consecuencia directa y universal de la anatomía.
´
El sexo biológico de Tania no sería, por tanto, un supuesto error de la naturaleza que habría que subsanar mediante un bisturí. Ni, a diferencia de otras transexuales, la solitaria vía anal resultará para ella inadecuada, humillante o mezquina para sus goces de alcoba. Queda por saber si la Justicia admitirá que una mujer social que conserva su pene pueda contraer legítimo matrimonio con un varón que sí lo tuviera, o que no, en un país donde estos cruces heteróclitos tienen como escenario de discusión dilecto los sets de los peores programas periodísticos.
´
Por lo que veo, Tania está muy lejos de aparecer en el horizonte de la mirada social y jurídica como aparecía Agostina en la proa de su barco aquella noche en San Fernando. Nada hace intuir en ella una "configuración de la carne bajo el vestido" distinta de lo que marca la mirada. Lo mismo con Hernán, transgénero pero de mujer a varón, que no modificó todavía sus genitales, y con el que compartimos ahora una mesa y la charla.
´
Hernán es estudiante avanzado de medicina, y había ya obtenido las mejores calificaciones para acceder a sus prácticas en una clínica de prestigio. Pero desde que se hizo evidente el proceso de masculinización, las facilidades pedagógicas se interrumpieron. No le renovaron el permiso. Su lomo macizo, su barba corta pero indiscutida, y su abrazo de oso lo hacen atractivo para muchas mujeres y, quien dice, incluso para más de un manflor. Pero si hay algo del orden del deseo que enloquece a Hernán, por más que su ideal discursivo de pareja lleve vagina, son las travestis. La vagina es preferible al pene, dice, para una buena gimnasia amatoria, porque él es muy diestro internándose en grutas y a las propias les ha puesto por ahora una barrera que no levanta, ni nadie se lo ha pedido, para ser sincero. A Victoria, travesti que conoció en una campaña anti–sida en los bosques de Palermo, que por ahora no quiere ser otra cosa que una amiga, le cuesta hacerle entender a Hernán que no tiene intención de pasar por el quirófano para transformar en tangible una fantasía que en definitiva no es del todo la suya.

Y CON VICTORIA LOS CAMINOS SE REVELAN INFINITOS
´
"Al principio fui muy heteronormativa. Una travesti tenía que ser para mí bien femenina, y el plan perfecto no podía ser otro que un chongo en la casa, y con el tiempo operarme. Pero claro, ya te deben haber dicho que si una trabaja en la calle, reasignarte el sexo te complica los ingresos. Muchos clientes firmes, los que en definitiva te sostienen, buscan la fantasía de una mujer con pija, o a veces un varón con tetas. Tengo uno en Barrio Norte que está casado y cuando la mujer se va de viaje me invita, pero no para coger... ¡al viejo sólo le gusta vestirse de mujer y conversar conmigo como dos amigas, para que le dé consejos! Y eso él no lo haría por ahí si no me considerara algo muy específico, una travesti elegante. El quiere ver cómo evolucionó una en el estilo, cómo seguís en vigencia, conservando tu genitalidad. Por ahora el viejo se piensa como crossdresser, bien heterosexual, pero yo creo que por más chongo que parezca sueña muy adentro suyo con un buen par de lolas." Victoria habla de sus clientes con extrañeza; todavía se sorprende de la variedad del deseo y sus expresiones pero, cuando se refiere a sí misma, se describe como algo no demasiado extraordinario.
"Con los años dejé de ser tan estructurada. Me hice muy amiga de otra travesti, con la que teníamos la parada juntas. Era bastante común que nos levantaran a las dos, y nos pidieran esas escenitas de trans-lesbianismo que a los tipos los hace sentir dueños de la hacienda. La simulación del placer dejó de ser simulación, y un día pasamos a ser pareja. Fue una experiencia fantástica, el vínculo que se origina es de protección mutua, te conocés como nadie va a conocerte, te sentís en paz con todo tu cuerpo. ¿Por qué las mujeres pueden ser lesbianas y las travestis no? No caigamos en un encierro."
Si Eros es un poeta barroco, sus excesos formales no querrán prescindir del humor para develar la complejidad del deseo, ni las posibilidades de mutación y adaptación de los cuerpos sexuados. "Cada uno debe encontrar el punto de su goce", decía Perlongher. Más allá de las identidades, útiles como estrategia de defensa política, pero demasiado insuficientes para agotar el universo expansivo de las sexualidades: lesbianas o trans de mujer a varón que se enamoran de travestis que tienen de pareja a otra travesti; trans de varón a mujer que se operan para amar a otra mujer. O una travesti entetada que, como aquella que reflejaba un espejo en el baño del antiguo Morocco, no buscaba más amante que su esposa de siempre, y sus hijos la llamaban no obstante papá, sin que eso signifique otra cosa que un destello humorístico del lenguaje, cuando se apagan ya los efectos de sus verdades.

sábado, enero 24, 2009

réquiem para el amor romántico

Los tiempos cambian pero los mitos perduran, así podría sintetizarse una valla que suele dar en los dientes de quienes emprenden la carrera del amor. Es que a pesar de la independencia ganada por las mujeres, ellas siguen ligadas al mito del amor romántico, a ser eternas penélopes esperando la próxima llamada. Ellos, en cambio, advierten esa misma independencia pero como una especie de traición, como si las mujeres ahora fueran otras, distintas a las que el mandato de su género les había prometido. En esos malentendidos naufragan los viejos vínculos pero también empiezan a fraguar nuevos modos de relación que prometen otras aventuras.



Sonia Tessa

En las reuniones de amigas, la queja sobre lo difícil que resulta conocer a un hombre que no huya despavorido ante su propio deseo –y ni decir del ajeno– se convirtió en algo habitual. "No hay hombres", es la conclusión fácil. Cualquier charla entre mujeres solteras, ya sea alrededor de unos mates o convocada por una cerveza, incluye relatos de encuentros en boliches, que nunca se concretan porque fueron "pura histeria" o, algo aún más habitual: "Nos vimos, estuvimos en casa, todo bien, pero cuando se fue me dijo que me llamaba y nunca más". Y ese touch and go, que muchos imponen sólo por su deseo de hacerlo se convierte en un corsé de la espontaneidad. "No quiero llamarlo para no parecer densa", cuenta una chica de 30 y pico. Es que desear una pareja se convirtió en un delito, visto desde el punto de vista de (muchos de) ellos. "No quiero compromisos", es lo primero que advierten tras un encuentro, no importa cuán fogoso o estimulante haya sido. En la era líquida, no conviene asirse a nada. Porque todo lo que circula está para ser consumido, y desechado. El desencanto del amor está instalado en las sesiones de terapia y en las conversaciones cotidianas. Eso motivó a la psicóloga Bettina Calvi a encarar su tesis posdoctoral sobre Las configuraciones vinculares en tiempos del amor líquido. Así, parte del concepto de Zygmunt Bauman como descripción de época. El trabajo –que será publicado este año– nace de un malestar generalizado: "En los consultorios se escucha a diario la muerte de alguna pequeña esperanza de amor. Muerte debida al miedo, a la apatía y a la fobia. Y a la enorme dificultad de creer en proyectos compartidos".

La descripción de Calvi es jugosa. El punto de partida –no tan novedoso– es que los cambios sociales y culturales de las últimas décadas han modificado tanto las subjetividades femeninas como masculinas y, por ende, los lazos. Pero a partir de allí, la profesional observa que "las mujeres son vistas como extrañas, que salieron al mundo y 'ya no son las de antes'. Los hombres las miran con inusitada extrañeza mientras piensan y ¿ahora qué? Se asustan, las critican, las odian y las rechazan aunque sólo las eviten en un histérico juego que oculta las fobias más profundas". A tal punto, que considera que "las mujeres son en estos días a los hombres lo que la oscuridad es a los niños cuando de fobias se trata". Una frase escuchada en el consultorio da cuenta de ese pánico. "Yo andaba como Bambi en la pradera y ella estaba agazapada para cazarme", le dijo un hombre sobre el inicio de una relación amorosa.

Pero el trabajo apunta a tener una mirada compleja y abarcadora. No se trata sólo de ellos, ni mucho menos. "Ellas, por su parte, se desconciertan, se preguntan, se analizan, se culpan y terminan hartándose de tanta vuelta. Entonces se refugian en estereotipos tales como 'no hay hombres' o 'son todos iguales'". Por este desacople, "un gran porcentaje de la población que concurre a los consultorios privados se plantea la dificultad de encontrar pareja y la soledad como problemática subjetiva".


CREER EN BRUJAS

En principio, el trabajo de Calvi sólo incluía entrevistas cualitativas con mujeres, de grupos sociales heterogéneos y de entre 25 y 50 años. "Partía de un feminismo duro", describe ella misma, cuyo anterior libro fue Abuso sexual en la infancia, efectos psíquicos. Después, amplió el espectro para comprender también cómo afectaba esta nueva configuración de las relaciones afectivas a los hombres.

A partir de las más de 30 entrevistas que realizó, Calvi desentrañó algunas de las diferencias en la forma de encarar las relaciones entre hombres y mujeres. "Hay una inscripción distinta del tiempo. Los hombres piensan en términos de acto. Siguen con sus actividades. En cambio, las mujeres piensan en forma de proceso. Apenas el tipo las dejó se preguntan si los volverá a llamar, cómo será su vida, su trabajo. Hacen como una secuencia que ellos no hacen", describió.

Entonces, ellas se quejan del "touch and go", y ellos ven en cada mujer que se les acerca una amenaza latente de "ataduras". La frase preferida de los hombres, la mayoría de las lectoras lo sabe por experiencia propia, es "no quiero compromisos". "Este tipo de relaciones tan light, tan efímeras, los pone a cubierto", consideró Calvi. "Buscan mujeres más jóvenes, porque les permite manejar la situación", afirmó. Pero siempre –remarcó– subyace el temor, la idea de que la mujer es una "bruja".

Para Calvi, "las mujeres estamos catalogadas como brujas absolutas" y es importante "generar otro tipo de lazos y desarticular este enfrentamiento". Por eso, nunca deja pasar la expresión "bruja" referida a una mujer, que los varones usan especialmente para referirse a su esposa. "A uno lo paré en seco y le pregunté por qué le decía así a su mujer. Porque si lo dejás pasar, naturalizás los micromachismos cotidianos. Ellos, cuando miran a la mujer ven este arquetipo", consideró. "Muchos maridos llaman bruja a su mujer cuando quieren mostrar algún poder que ella ejerce sobre él y con esta palabra dicha a modo de chiste promueven la solidaridad de su género. Es decir que cuando la mujer despliega algún modo de poder o de autonomía, es vista como causa de sufrimientos para los hombres, despertando así su odio y su temor", profundiza en el trabajo.

En cambio, muchas mujeres se concentran en el ideal. "Nosotras vemos el ideal, y después nos encontramos con que ellos son personas frágiles, golpeadas por su propia historia. Nosotras pensamos en el príncipe valiente que viene en su blanco corcel", afirmó la psicoanalista.


MITOS (NO TAN) VIEJOS

Pero ese resabio de las épocas en que formar una pareja estaba pautado, cuando conocerse, relacionarse, casarse y tener hijos era parte de un ciclo "natural" se debe a que la caída de los viejos modelos no es sencilla, definitiva ni generalizada. Hay paradigmas que subsisten, aunque ya no sean un bloque compacto. "Lo propio de lo femenino es que nosotras hemos sido criadas con el mito del héroe romántico como ordenador de género, que sigue funcionando", cuenta la profesional.

Esa afirmación puede constatarse en miles de columnas de periódicos, todas inspiradas –aunque sea levemente– en aquellas de Bridget Jones. Y allí estuvieron las chicas de Sex and the city, para mostrar que no era necesario derribar el mito del amor romántico, sólo licuarlo durante varias temporadas, para terminar confirmándolo con casamiento de blanco.

Entonces, las mujeres se enfrentan a las épocas del amor líquido con un bagaje contradictorio: nuevos desafíos, deseo de autonomía pero también las ataduras de mandatos que siguen funcionando. Uno de ellos, la necesidad de ser aceptada, de agradar, de esconder muchas veces el deseo propio para no importunar al ajeno. En ese marco, saben que para ellos el peor pecado es el deseo de formar una pareja. Y hay que esconderlo.

Así las cosas, "los varones viven las separaciones matrimoniales como un profundo fracaso a partir del cual les resulta muy difícil construir otro proyecto. De allí que sólo puedan volver a relacionarse acorazados en el enunciado 'no quiero compromisos'. Que aparece frente a cada nueva relación, poniéndolos a cubierto de semejante peligro", plantea Calvi. Pero claro, ese imperativo convoca a las mujeres a invocar también el conjuro. "Vivamos el momento, sin compromisos", propone él. "Una vez que ese conjuro se invoca, habrá que probar en acto su materialidad –dice la autora en su tesis–. Es decir, las mujeres no deberán realizar llamados ni mensajes frecuentes que podrían ser interpretados como una actitud invasiva, de una voracidad arrolladora que intenta asfixiarlos, distanciándolos de los únicos valores que les siguen funcionando como referentes: los hijos, el grupo de amigos, de pares, y generalmente el fútbol."

Ellos huyen, ellas se decepcionan. El desencanto de las mujeres no es uniforme, se parece también a un caleidoscopio. Es que ya no creen en "los príncipes azules, que se han desteñido y hoy en lugar de mandar flores dicen 'nos vemos'", según dijo alguna vez la humorista Gabriela Acher. En ese paso del viejo modelo –muchas veces presente en la subjetividad– a los nuevos desafíos, Calvi detecta grandes dificultades. "Las mujeres de hoy se encuentran ante la múltiple exigencia de romper con el mito del amor romántico en el que han sido educadas, y esto es como aprender a hablar un nuevo idioma. Un idioma donde se deberán cuidar celosamente los giros discursivos, la fonética y complejidad metafórica de cada enunciado. Es decir, que deben tener un exhaustivo control de su afectividad, intentar un modo de acercamiento que difícilmente sea espontáneo y todo esto contribuye a la banalización y a la liquidez en el contacto con el otro."


QUEDAR A LA ESPERA

Como estas relaciones casi nunca son consensuadas, sino impuestas desde la voluntad masculina, cuando ese hombre sólo dice "nos vemos", muchas veces inaugura la espera. "Y por ahí no la llama nunca más. Esta forma de los varones de sustraerse, de alejarse, es también una forma de control, porque tienen el poder de volver a verse. Y la mujer queda pendiente de esa llamada, en la espera", resume la psicóloga, en la mesa de un bar.

Por eso, en el trabajo recupera el concepto de complejo de Penélope, acuñado por la psicoanalista austríaca que vivió en Argentina y México, Marie Langer. La mujer que vive esperando no se ha retirado de escena, aunque muchas otras cosas hayan cambiado en su vida. Ahora trabaja, tiene independencia económica, pero muchas veces sigue pendiente de que la llamen. Y una vez que el encuentro se consuma, empieza una nueva espera.

Es que el amor romántico no llega sólo a la configuración psíquica de una mujer. Está bien rodeado, acompañado de otros ordenadores de género, como el miedo a la soledad. En la tesis, Calvi retoma el análisis de Marcela Lagarde. "Según esta autora, el miedo a la soledad es un gran impedimento en la construcción de la autonomía femenina, ya que desde pequeñas se les promueve a las mujeres un sentimiento de orfandad, sustentado en una concepción de que la soledad es algo negativo y que el sosiego de la mujer depende de la presencia del hombre", recupera la psicoanalista en su trabajo, para dar un marco a las experiencias recogidas en la investigación. "Esta autora dice que las mujeres son educadas en la fantasía de que alguien, un hombre, va a quitar el sentimiento de desolación, de pérdida y así se va creando la necesidad de contacto personal permanente, que es una necesidad de apego", continúa la cita del trabajo.


PRINCIPES Y MENDIGAS

Con ese marco, Calvi relata lo ocurrido en el albergue municipal para mujeres víctimas de violencia que habían empezado a salir del círculo, y estaban trabajando para reconstruir una vida en autonomía. "En una de las sesiones de grupo, se propuso una técnica donde debían construir conjuntamente una historia a partir de algunos recortes de revista heterogéneos. La historia que construyeron era la de una joven y bella mujer que estaba en su hermoso jardín pensando porque debía elegir entre varios hombres que la amaban. Ella debía hallar el indicado", relata el trabajo. En realidad, las habitantes del albergue volvían una y otra vez a la versión del cuento de hadas. "El ideal del amor romántico sigue funcionando, creen que existe la media naranja pero ellas eligieron mal, tienen que elegir otro que encaje perfectamente", apunta Calvi. Puestas a producir, estas mujeres "no hablaban de sus graves problemas económicos, ni de los traumatismos padecidos, sino que se sitúan en una posición absolutamente solidaria a los mandatos de género". El grupo en ese albergue municipal era diverso: dos de ellas que vivían en una situación de extrema pobreza (ocupas), otras dos trabajaban como mucamas en sanatorios, había una enfermera, una modista, una empleada doméstica, una administrativa y una licenciada en letras que trabajaba como profesora de nivel secundario, con edades de 30 a 50 años.

Además de las mujeres del albergue municipal en el que trabajaba, Calvi realizó entrevistas a mujeres de clase media, profesionales, de entre 25 y 50 años. En ese grupo, lo predominante fue "una gran decepción en relación a los modelos amorosos de otra época, y un gran vacío por no poder encontrar nuevas formas de relación". Sus entrevistadas –como tantas otras mujeres en la calle, en el bar, en la peluquería– no anduvieron con vueltas, sostuvieron que "es culpa de los hombres".

Es que entre las mujeres que han crecido con una mayor posibilidad de autonomía, el mito del amor romántico es más endeble. Muchas saben que ya no pueden confiar en ese relato para organizar su vida afectiva, aunque todavía no puedan escribir otros. "No sé cómo hay tantas mujeres tontas que creen que la vida pasa por encontrar a un hombre y en esa búsqueda enloquecida y frenética se las va la vida, la alegría, la energía... Entonces, si todo pasa por un hombre es que tienen vidas vacías", le dijo a la investigadora una mujer de 31 años. Por eso, para Calvi, no todo es uniforme. "No se trata de un paradigma patriarcal monolítico y sin fisuras." Pero sí de unos mandatos que todavía hacen estragos en la formación de mujeres de varias generaciones. En especial de las más vulnerables.

Pero no solo. Como muestra, retoma otra de las entrevistas realizadas para el trabajo. Era el testimonio de "una joven profesional, con una buena carrera. Sostiene que no tolera su tiempo libre desde que se separó de su novio, se siente vacía y sus ataques de ansiedad comprometen incluso su trabajo. Ella siente que ha perdido la posibilidad de formar una familia y de tener un hijo". En esta situación, para Calvi es "absolutamente llamativo observar cómo alguien que desarrolla tareas profesionales complejas y de gran responsabilidad se posiciona en relación con un hombre como una niña, desorientada, ansiosa y desahuciada".


DEL PASADO AL FUTURO

Calvi tiene una mirada crítica en varias direcciones. Aunque también recupera el viejo modelo de pareja de los años '70. "Del significante compañera/o que caracterizara la utopía de los '70 al 'touch and go' del 2008 hay mucha distancia. Distancia hecha de una historia rota, de desapariciones, de muertes, de tortura, de miedos, y de la abolición de todo intento de esperanza por cambiar un mundo injusto", considera en el trabajo. Su descripción de la época líquida no es inocente, sino fuertemente cuestionadora. "Las personas igualadas a cualquier objeto de consumo, se juegan en el mercado bajo el mandato de 'vivir el momento'", dice Calvi, quien considera que "la noción de semejante ha sido severamente afectada por una historia siniestra donde el terrorismo de Estado marcó una impronta que aboga por el individualismo, la competitividad y la muerte de la solidaridad".

Muy lejos de aquel paradigma de los "compañeros", que organizaba las relaciones entre hombres y mujeres en los 70, aquel que se expresaba en la frasepóster de Mario Benedetti, "en la calle codo a codo somos mucho más que dos", para Calvi, "el enfrentamiento entre los géneros borra la noción de semejante, impide que se armen lazos de solidaridad, de compañerismo. El otro o la otra no están vistas como pares".

Sin embargo, y pese a las apariencias, su posición no es idílica respecto de los vínculos antiguos. "Bauman parece tener una postura adversa ante estas nuevas configuraciones amorosas, sin embargo, tal vez sólo debamos interpretarlas en concordancia con la producción de subjetividad de nuestra época. No son peores ni mejores que los existentes en el pasado. ¿O es que acaso podríamos sostener que la doble moral instalada por el patriarcado para sostener la institución matrimonial era mejor que las llamadas "relaciones sin compromiso" que caracterizan nuestra época?", dice la tesis de Calvi.

Las diferencias genéricas en la formación, en siglos de relaciones desiguales, siguen haciendo mella. Y muchas veces, las relaciones se vuelven voraces, o brutales. "Podríamos pensar que la independencia, que a lo largo de la historia han tenido los varones en un contexto de dominación masculina, les permitió amar de modo 'líquido' durante mucho tiempo y en muchos relatos. Para las mujeres no es lo mismo, ellas han construido más recientemente su independencia y su autonomía. Están rompiendo desde allí sus propios mitos y se posicionan de modo diferente frente a los hombres y al amor", plantea el trabajo de Calvi. Así, encontrarse, enamorarse, jugarse por el deseo propio, y a partir de ahí apostar al amor, se convierte en algo más que un desafío. Casi una hazaña.

sábado, enero 17, 2009

La salud de nuestros niños

Se acaba de publicar el primer informe científico que relaciona los índices de suicidios y depresiones en adolescentes con las actitudes homófobas de sus padres.

Los padres quieren lo mejor para sus hijos. Es casi una ley general. Sumado a esto el aporte obsesivo de los consejos y la vulgata psicológica, ha generado una conciencia de que gran parte del futuro de los hijos depende de los mismos padres. Por todas partes hay padres y madres atentos, solícitos, psicoanalizados y dispuestos a evitar posibles traumas y recriminaciones. Con una salvedad: que el chico o la chica se salgan de la raya hétero. Ahí se abre un happy hour para bestialidades dignas de la época de las cavernas. Los hijos gays, lesbianas, trans, pueden perder la categoría de hijos. Y con eso perder más. Un estudio publicado en la revista Pediatrics afirma haber encontrado una relación directa entre las reacciones negativas hacia la orientación sexual de un niño por parte de su familia y los problemas de salud –depresiones, uso de drogas, e intentos de suicidio– durante la adolescencia y la juventud. Según este trabajo, quienes en su niñez se sintieron rechazados por su sexualidad son 8 veces más proclives a intentar suicidarse y 6 veces más propensos a sufrir depresiones. Esto es: la homofobia de los padres compromete dramáticamente la salud de los hijos.

El estudio constó de dos partes. En la primera se entrevistó a 53 familias con adolescentes homosexuales y se logró especificar unas 106 conductas que van de lo que puede llamarse aceptación al franco rechazo. Por ejemplo, culpar al chico porque se lo rechaza en el colegio, mandarlo a vivir con otros parientes, obligarlo a cambiar de ropa... Luego se entrevistó a 224 personas gays y lesbianas de entre 21 y 25 para que contaran sus experiencias de la infancia, contrastándolas con sus episodios recientes de depresiones intentos de suicidio. Si bien es un primer estudio y tiene mucho de intuitivo, es el primer trabajo que establece una relación entre problemas de salud y la vida en familia. Tal vez los datos ayuden a que muchos buenos padres tomen conciencia de lo que están haciendo y hasta qué punto están yendo en contra de sus genuinos deseos de tener hijos normales. Los investigadores dan como ejemplo el caso de una adolescente cuya madre la forzaba a salir con chicos, y la mandó a vivir a lo de la abuela en cuanto supo que era lesbiana. Luego de escuchar los resultados de este informe (en el que hay varios casos donde este mismo comportamiento había tenido como consecuencia el suicidio de una chica), esta señora dejó de arreglarle citas a la nena y comenzó a preguntarle sobre su novia...

Y bueno, si los padres son hijos del rigor, cuando es con rigor científico tal vez empiecen a caminar derechito de una buena vez.

sábado, enero 10, 2009

Este loco loco mundo. Dormidos en el diván

Acaso por haberse quedado dormidos durante años en el diván destinado a sus pacientes, recién ahora el Colegio de Psicólogos de Chile ha declarado públicamente (¡como si ello hiciera falta, en pleno siglo XXI!) que la homosexualidad no es una enfermedad. Por presión de organismos defensores de los derechos de las minorías sexuales, quienes denunciaron que en Chile aún hay profesionales que apuestan a la terapia reparativa (lo que deja ver que todavía hay homosexuales que albergan la esperanza de curarse), el director de esa institución salió a confirmar algo que él mismo reconoció como una verdad aceptada por la comunidad de psicólogos y psiquiatras hace más de treinta años. Más vale tarde que nunca.


A tomar la sopa

La Asociación de Familias Americanas (AFA) está muy enojada. Ahora el problema es con la empresa Campbell Soup Co a quien amenaza con boicot si no detiene su "promoción del estilo de vida gay". Lo dice no solo por las dos páginas de publicidad que aparecen en en la revista gay The Advocate sino porque en esas páginas se puede ver a una pareja de mujeres dándole sopita de pollo a su bebé. Esta y otra entrega donde aparecen dos cocineros, aunque no se hace referencia a la identidad sexual de ninguno de ellos y tampoco es posible deducirla, bastaron para que la AFA considere en peligro la normalidad del universo. Más que eso, de la galaxia, ya que a juzgar por el comunicado que sacaron en su página web, se estaría viviendo una guerra al estilo Spielberg. La AFA insta a Campbell a que se mantengan "neutrales en la guerra cultural".

La empresa convertida en ícono pop Andy Warhol mediante, no piensa dar un paso atrás: "Hace ya más de un siglo que personas de toda clase han disfrutado de los productos de Campbell y seguiremos comunicándonos con ellos de maneras que sean relevantes y significativas".

Y sí, el que quiera crecer, tendrá que tomar la sopa.



Casando al principito

¿Existe el colmo de la diversidad y de la tolerancia? Claro que sí. Y pronto se podrá ver en un reality inglés, ¿dónde si no? El programa se llama Undercover princes y será emitido por la BBC desde el 15 de enero. Exprimiendo la creatividad frente a tanto "reality" escandaloso y repetido, se convocó a tres miembros de la realeza de Oriente, se los hizo trabajar en bares, chatear y caminar por las calles con el propósito de hallar a sus almas gemelas en las gélidas costas de Inglaterra (aquí tenemos un poco de tolerancia) quienes a su vez deberán irse con ellos a las tierras lejanas (más tolerancia). Pero para aumentar la rareza de tanta realeza, los candidatos seleccionados cuentan con alguna característica que los potencia como fenómenos. En la promoción del programa se deja bien claro que uno de los príncipes es obeso y que otro es gay (¡panzada de diversidad!). Así como están las cosas parece que el participante más atractivo es el príncipe Manvendra Singh Gohil de Rajpipla de Gujarat quien tiene 44 años y, luego de divorciarse, se declaró gay, huyó de su patria, logró evitar el linchamiento que lo esperaba y hoy por hoy es un activista de las minorías sexuales y de lucha contra el HIV/SIDA. El público verá cómo los raros hacen cosas raras y encuentran a los raros que les siguen la corriente. Si este no es el colmo, ¿el colmo puede ser todavía peor?



La fuerza se ablanda

"Tras solicitar mi reingreso en la fuerza, 15 carabineros llegaron a mi casa, me pusieron esposas, me golpearon y me obligaron a firmar un documento donde decía que había hecho un mal uso del uniforme, lo cual jamás ocurrió", declaró Victor Pérez Soto, el audaz policía chileno que está dispuesto a hacer cualquier cosa por volver a formar parte de esa fuerza de seguridad de la que fue expulsado luego de una investigación sumaria que empezó y terminó cuando le preguntaron si era homosexual. "Sí", contestó el agente, dando por finalizada la pesquisa y su carrera policial al mismo tiempo. Sin embargo, el deseo del hombre por vestir el uniforme es fuerte y no cesa: inició juicio penal y administrativo y todavía espera su reincorporación sin quedarse sentado. La semana pasada, sin ir más lejos, tuvo estrecho contacto con quienes fueron sus compañeros de armas cuando fue detenido después de haberse encadenado frente a las puertas de la Unión Democrática (UD), el partido político que se niega a incorporar a las minorías sexuales dentro de la ley nacional antidiscriminatoria que aún no se votó en Chile. El caso de Pérez Soto es emblemático pero no el único, otros carabineros y carabineras han denunciado de forma anónima el mismo tratamiento de la fuerza aunque amparados en el anonimato. Mientras, la fuerza policial cuyo lema es Orden y Patria, hace su particular mea culpa mostrando a quien quiera ver la nueva cartilla de lectura obligatoria entre uniformados, titulada "No a la discriminación, por un trato igualitario", en la que se enseñan cosas como a "no burlarse de la apariencia física y orientación sexual de las personas"; y también a "no mofarse de las personas por su modo de hablar". Un paso es un paso, el problema es desde dónde arrancan a caminar los muchachos de las botas blancas.

sábado, enero 03, 2009

Gaypower


Una nota de Patricio Lennard


The Rawhide Kid

Si bien las salidas del closet en el universo del comic han ido incrementándose en los últimos tiempos, casi siempre se ha tratado de personajes secundarios. No fue éste el caso de The Rawhide Kid, una historieta protagonizada por un cowboy que el sello Marvel creó en la década del '50, y que en una serie de aventuras tituladas Slap Leather, publicadas a principios de 2003, hace su coming out y ¡hasta se confiesa atraído por el Llanero Solitario! Saludado como el primer cowboy gay, este pistolero, que en su versión original era buscado injustamente como un "fuera de la ley" y del que era conocida su timidez hacia las mujeres, rompe con el estereotipo del macho que define el western, pero sin que su condición sexual quede puesta en primer plano. A pesar de que la American Family Association la denunció como "un intento de introducir a los niños en la homosexualidad", esta nueva versión de The Rawhide Kid no logró ser un éxito de ventas.




Apollo y Midnighter

Alejándose radicalmente de las líneas argumentales tradicionales, según las cuales el superhéroe siempre se queda con la chica, Apollo y Midnighter, los protagonistas del comic The Authority, son dos superhéroes gays que se casan y adoptan una hija. Pensados respectivamente como personajes espejo de Superman y Batman (y como encarnación de ese inmejorable tándem), Apollo es dueño de una fuerza descomunal, puede volar y posee visión láser, mientras que Midnighter (quien, a diferencia de Batman, cuenta en su repertorio con habilidades sobrehumanas) es dueño de una velocidad de movimientos que burla el ojo humano y hasta puede recuperarse rápidamente de heridas y enfermedades. De hecho, en la historieta se lo ha visto sobreviviendo a una fractura de cuello y a mortales heridas de bala, e incluso, simbolismos mediante, curándose del sida.




Batwoman

Cuando el reciclaje de personajes en clave homosexual parece ser una de las tendencias, no es de extrañar que DC Comics haya decidido resucitar a mediados de 2006 a una Batwoman lesbiana. Correlato femenino del celebérrimo Batman (a no confundirla con la más renombrada Batichica), este personaje creado en la década del '50, que en un principio fue introducido como un amor del encapotado para desmentir los rumores de homosexualidad que ya por entonces circulaban, hizo su reaparición en una historieta de tirada semanal titulada 52, en la que Kathy Kane (tal su verdadero nombre) es una ricachona que mantiene un romance con una ex policía y detective llamada Renee Montoya. Además, la nueva Batwoman es judía. Y en ello se notan los declarados esfuerzos de DC Comics por hacerle lugar a la diversidad étnica y sexual entre sus personajes.




Colossus

Como los fanáticos sabrán (más allá de que es un dato que no se ha consignado en las adaptaciones cinematográficas del comic), una de las grandes diferencias entre la serie Ultimate X-Men y la regular X-Men es que el personaje de Colossus (¡sí, tenía que ser el más musculoso!) se define como gay. Si bien durante largo tiempo hubo indicios que sugerían que este muchacho, cuyo gen mutante le permite convertirse en un inexpugnable hombre de acero, se sentía atraído por Wolverine (el personaje más emblemático de la tira), Colossus se termina involucrando sentimentalmente con Northstar (todo un pionero entre los X-Men a la hora de salir del closet). Una verdad que ya había sido insinuada cuando una de sus compañeras, no sin cierta suspicacia, les había revelado a los lectores que Will & Grace era el programa favorito de Colossus.

sábado, diciembre 27, 2008

En cadena



A los que quiero y a los que odian les regalo esto para que lean y esa estrella sea usada para darles luz. Se lo quiero mandar a Valeria Mazza, pero me parece que se cambió de mail:


"Soy la madre a la que no se le permite visitar a los hijos que dio a luz, cuidó y crió. La corte dice que no cumplo los requisitos de una madre porque ahora vivo con otra mujer.


Soy el muchacho que nunca terminó el Colegio porque todos los días me llamaban maricón.


Soy la muchacha que botaron de sucasa porque le confesó a su mamá que era lesbiana.


Soy la prostituta trabajando en las calles porque nadie quiere contratar un transexual.


Soy la hermana que abraza fuertemente a su hermano gay durante largas noches de miedo y llanto.


Somos los padres que enterraron a su hija mucho antes de lo debido.


Soy el hombre que murió solo en el hospital porque no le permitieron a quien fue mi pareja durante 27 años acceso al cuarto.


Soy el niño huérfano que se despierta de pesadillas donde lo remueven del único hogar donde le han mostrado amor, simplemente porque tiene dos papás.


Somos la pareja que el relator dejó plantada cuando se enteró que queríamos que alquilar un cuarto para dos hombres.


Soy la persona que nunca sabe qué baño utilizar si quiere evitar ser reportado a la gerencia.


Soy el padre que nunca ha abrazado a su hijo porque crecí con miedo a mostrarle afecto a otros hombres.


Soy la mujer que murió cuando los paramédicos dejaron de tratarla al enterarse que era un transexual.


Soy la persona que se siente culpable porque pienso que podría ser una mejor persona si la sociedad no me aborreciera.


Soy el hombre que dejó de asistir a la iglesia, no porque dejé de creer, sino porque le cerraron las puertas a los de mi clase.


Soy un soldado sirviendo a mi país, pero no puedo revelar mi verdadero estilo de vida porque ser gay no está permitido en el ejército.


Soy la joven que se avergüenza de confesarle a sus amigas que soy lesbiana, porque constantemente hacen bromas de ellas.


Soy el joven amarrado a una verja, golpeado brutalmente y abandonado a mi suerte porque dos hombres 'machos' querían 'darme una lección'."


Roberto Piazza

sábado, diciembre 20, 2008

Federico Mouras. No es sólo rock and roll

Hermoso, elegante, ambiguo, sarcástico, vanguardista; Federico Moura fue todo eso y más: una estrella de rock que se maquillaba para salir a escena; un frontman capaz de poner al público a bailar cuando el resto de las bandas se plegaban al patrioterismo vacuo de la dictadura; un rebelde que se reía cuando pretendían insultarlo llamándolo puto pero que dejó en las letras de sus canciones esos guiños cómplices con la comunidad gay. El hombre que cumplió con la trágica paradoja de haber bautizado a su hija artística –la banda de rock que cambiaría la escena local en los años '80– como Virus, para años después convertirse en la primera persona pública que murió a causa del virus del sida. A 20 años de su último acto, un recorrido emocionado por aquella superficie de placer que fueron su vida y su obra.


La figura de Federico Moura tendrá por siempre los elementos característicos de una estrella de rock. Hermoso, ambiguo, irónico, influencia innegable del llamado rock nacional, y por supuesto una muerte trágica que también es paradigma de la historia: la primera persona pública que muere de sida en Argentina. Todos elementos que juntos y perfectamente entrelazados hacen pensar más en una película que en algo que ocurrió de verdad. A 20 años de su muerte el legado de Federico no sólo es importante en cuanto a las innovaciones en el plano musical, sino también porque su figura se ha convertido en uno de los primeros iconos gays de importancia fundacional.

Así como la ciudad cuadrada que los vio nacer está atravesada por numerosas diagonales, la historia de Virus atraviesa décadas que marcaron al país y al mundo: dictadura, rock, desaparecidos, pop, la guerra de Malvinas, arte, homofobia, libertad, prejuicios, desprejuicios, discriminación y sida.

La aparición de este grupo dentro de la escena del rock nacional provocó toda una revolución. Nunca antes en la música vernácula se habían escuchado sonidos como los de la banda (con influencias de básicos pop como B52's o Devo): se trataba de la primera banda moderna que sintonizaba el mismo canal de lo que estaba sucediendo fuera de la Argentina. Eran además los primeros en introducir el humor en el rock: se reían de sí mismos y del discurso del rockero. "Virus introduce la posibilidad de que el rockero no se tome en serio, no en esa situación de 'rockero que se ríe de sí mismo', sino que salía naturalmente, porque parecía que tenías que tener una canción pelotuda para reírte de vos mismo. Para mí es fundacional: cambió la manera de hacer rock", dice Oscar Jalil, periodista e ideólogo de Tomo lo que encuentro. 19 versiones de Virus (2004), un disco donde bandas platenses grabaron versiones propias de canciones del grupo que los marcó. Fueron los primeros en llegar a las discotecas. Virus se podía bailar. Pero por sobre todo ninguna banda presentaba la estética ambigua de un frontman que no dudaba en jugar con la sexualidad desde sus letras, sus movimientos y su aspecto. Virus ponía en evidencia el sexo del rock: el rock era macho... y homofóbico. El ambiente del rock, en algún punto conservador, se vio sacudido de pronto por estos pibes de pelo corto, maquillados y con ropas extrañas. Ante la incomprensión de lo que veían, los rockers atacaron: son todos putos, decían.

El rock no estaba acostumbrado a estas canciones donde había cierta autoflagelación pero que a su vez manejaban la elegancia: eso era algo de Federico, algo que había en su forma de cantar, en su forma de moverse: una forma teatral, nerviosa, y una dicción muy marcada, exagerada. La relación del público con Virus y en particular con Federico, era de amor-odio: la gente los quería o los rechazaba con mucha fuerza. A la clásica dicotomía rockera duros-blandos, frívolos-de verdad se le agregaba esta arista sexual en la cual tácitamente se unía a la debilidad y a la supuesta falta de contenido (el no cantar sobre cosas "serias y comprometidas") con la cuestión gay.

El aspecto y el despliegue escénico de Federico provocaba prejuicios no solo por parte de la prensa especializada, sino también del público y de algunos músicos. Se los atacaba por ser gays en obvia referencia a la homosexualidad de Federico. El era el líder, el que tenía más exposición, al que le hacían más entrevistas y el que aparecía más en la tele. Su imagen sexualizada pasó a ser la de la banda completa. Ojos delineados, hombreras, pantalones a cuadros, remeras ajustadas cortas, bien a la cintura, de terciopelo de cuadriculado blanco y negro. Muy a lo David Bowie circa Let's Dance, el Bowie siempre ambiguo y juguetón con su sexualidad que ahora, además, se entregaba de lleno al pop bailable.

Famosa es la anécdota del festival Rock in Bali de 1987: antes de que Virus subiera al escenario Luca Prodan al terminar de tocar gritó: "Ahora viene la banda de los putos". O el festival Prima Rock en la primavera de 1981 donde les tiraron con piedras y botellas. Los insultos y las escupidas eran frecuentes en los recitales de la banda. "Yo he estado con ellos en shows de la época en los que les han tirado naranjas y entonces Federico las agarraba y hacía jueguitos, se les cagaba de risa. Cuando estaba con ellos decíamos 'ladran Sancho', es decir les jodía pero les pasaba algo. Si a vos te jode la envidia del otro, te jode la tuya. Les gritaban putos y nosotros pensábamos y decíamos ¿qué les pasa con el puto que tienen adentro? Háganse cargo", cuenta Alejandro Jalil, diseñador de la Marca New Order y amigo personal de los Moura. Quizá el rechazo tenía que ver también con eso ¿qué provocaría un hombre elegantemente hermoso y gay como Federico en la masa machistoide del rock local?

Si bien Federico nunca habló de su sexualidad algunos temas generaron una especie de contraseña con el ambiente gay. "Pronta Entrega" (del disco Locura, 1985) embellecía de una manera única el levante callejero: "Recordando tu expresión/ vuelvo a desear/ esas noches de calor/ llenas de ansiedad/ Sofocado por el sueño y la presión/ busco un cuerpo para amar". Recordemos que en los primeros '80 el sexo en lugares públicos (baños, cines x, etc.) formaba parte de la cotidianidad del ser hombre gay y a su vez plasmaba una resistencia subterránea a la opresión brutal que se padecía. "Sin disfraz" (también de Locura) es la oda a la salida del closet a orillas del mar "A veces voy donde reina el mar/ es mi lugar llego sin disfraz/ por un minuto abandono el frac/ y me descubro en lo espiritual para amar.../ en taxi voy hotel Savoy y bailamos". Estas letras, entre otras, perduran como guiños encantadores que forman parte de la historia. Como la tapa de Superficies de Placer, que con un diseño pop muy al estilo de la época, de colores estridentes, presenta también la imagen (dibujada) de un ambiguo culo azul y por debajo se imprime el sugerente título, toda una provocación. "Virus tenía eso, como una doble vida, y me parece que era muy difícil en los '80 reconocerse como gay, más allá de que estaba todo claro, además de introducir en una canción términos como taxi boy: fueron los primeros que hablaron de eso, los primeros en nombrarlo. Virus mostraba algo pero por debajo intentaba decir otro tipo de cosas e ir mucho más allá", agrega Oscar Jalil.

En una entrevista con Clarín en 1985 Federico se preguntaba: "¿Qué es el gay rock? ¿Bowie? ¿Presley? ¿Jagger? Me parecen muy valiosos los movimientos de lucha con gente que se decide a defender los derechos de sectores aislados por necesidad. Pero Virus no hace una cosa lineal. No hay cotos porque a mí me interesa en la vida la integración. Jamás entraría en los campos del aislamiento, porque pretendo que nadie tenga que decir: 'este es mi lado bueno, este es mi lado malo'".


Una familia muy normal

Federico era el cuarto de un grupo de seis hermanos. Hijos de una familia platense de buena posición económica, su padre, Pico Moura, era un reconocido abogado; su madre, Velia Oliva, maestra y pianista aficionada. Todos los hermanos varones, incluido Federico, eran futboleros, hinchas de Estudiantes de La Plata y jugaban al rugby en el tradicional La Plata Rugby Club. Federico Moura formó su primera banda en la adolescencia: se llamó Dulcemenbriyo y arrancó en 1967. La ciudad de La Plata a fines de los '60 era un epicentro cultural y artístico, de arte joven, de gente joven. Una ciudad con algo que poco a poco se iba transformando en una tradición y que con el tiempo algunos catalogarían como movimiento. Era y es una ciudad con escuelas de arte, una ciudad universitaria con gente de todas partes del país y el intercambio era increíble. La música era el camino adoptado por cientos de jóvenes. Y cientos de bandas iban a crear un sello característico citadino que iba a hacer explosión con Virus. Se empezaban a formar grupos artísticos cada vez más complejos en los que no solo se trataba de hacer música.

Fiel a esta tradición Federico iba a construir su imagen y la de la banda atendiendo a todos los detalles, como una especie de visión "del todo" a lo Bowie, que armaba un concepto visual estético e ideológico que iba más allá de la música. Pero antes, y una vez disuelto ese primer grupo de juventud, viajó por Europa, Nueva York y Brasil (país que le encantaba y al cual siempre volvería) allí empezó a absorber nuevas ideas, nuevos sonidos, todo un bombardeo que lo marcaría en su camino artístico. Se instaló en Buenos Aires y abrió su primer local de ropa, llamado Limbo, donde diseñaba indumentaria. En 1977 volvió a viajar por el mundo y se instaló otra vez en Río de Janeiro. De regreso fundó su segundo local, Mambo. Al mismo tiempo, formó otro grupo, Las Violetas. Estaba instalado en Capital, y solamente volvía a La Plata por el grupo. Al vivir en Capital ese chico fino y elegante conquistó en seguida a ese mundo de "locos del tomate" que era el under porteño: Renata Schussheim, quien lo haría participar de sus performances, Jean François Casanova, quien actuaría en sus primeros shows, y Lorenzo Quinteros, que dirigió los videos Loco Coco y Soy moderno, no fumo.

En esa misma época, pleno 1977, su hermano Jorge, militante político, fue secuestrado y se encuentra desaparecido. Los Moura nunca hablaron públicamente sobre su hermano mayor y la noticia se dio a conocer poco tiempo después de la muerte de Federico.


La ciudad cuadrada

Todo ese movimiento cultural que había florecido en la ciudad de las diagonales fue serruchado por la dictadura. De la noche a la mañana todo quedó en la nada. "Eran tiempos nefastos de razzias en bares y boliches, tiroteos en las calles, muerte, paranoia. Vivíamos todo el tiempo en cana. Cada dos por tres te encontrabas con una situación de corte de pelo en la calle o más violentas. Te pegaban, te metían constantemente preso, habremos lavado muchas comisarías", cuenta Pablo Tapia, actual cantante de 1000 Watts y voz líder de Marabunta, banda que se fusionaría con Las Violetas y daría como resultado a Virus. Continúa: "Entre razzia y razzia te fumabas unos porros y todos vivimos la persecución en Falcon y cuando se metían en tu casa diez monos todos encapuchados y cabeza contra el piso buscando hermanos, amigos, parientes. Fue una época muy densa con mucha muerte. Y de pendejos, muchos pendejos de entre 17 y 25, 30 años". Los homosexuales de entonces veían cercenado cualquier intento de reivindicación o visibilidad. La solución era el exilio o en el caso de los más arriesgados los encuentros sexuales en lugares públicos. Quizás éste sea el macabro marco desde donde poder decir que más allá de la diversión y el baile Federico Moura representa, con el tiempo, una imagen de valentía al ponerse frente a un micrófono, vistiéndose como se vestía y cantando lo que cantaba. Dentro de la mal juzgada simpleza de sus letras era evidente una manera de ser que estaba ahí para el que la quisiera ver. Todo esto en un contexto que casi obligaba a la exclusión.


"De todo nos salvará este amor hasta del mal que haya en el placer."

Wadu wadu fue el primer LP de la banda en 1981. Y la historia cambió. Aparecieron estos pibes con el pelo corto, pantalones ajustados y camisas de leopardo (toda una imagen revolucionaria) haciendo temas de dos minutos promedio. Lo seguirían Recrudece de 1982, en medio de ese "empujoncito" que la prohibición de la música en inglés durante la guerra de Malvinas le dio al rock. El tema emblemático era "El banquete" "Nos han invitado/ a un gran banquete.../ ...Han sacrificado jóvenes terneros/ para preparar una cena oficial,/ se ha autorizado un montón de dinero/ pero prometen un menú magistral". Agujero interior (1983) fue el primer disco masivo de la banda y llegó con el fin de la dictadura. Después siguió el éxito con Relax (1984) con sonidos más tecno. Y la consagración fue Locura, de 1985.

No sólo en el rock and roll la historia empezaba a cambiar. Comenzaron los primeros pasos en el camino de la visibilidad; apareció la coordinadora de grupos gay en 1983 y los primeros boliches. Pero la policía seguía con las razzias llevándose a todo el mundo preso. La mentalidad opresiva no había cambiado.

Para grabar Superficies de Placer en 1987 Virus viajó a Río de Janeiro con familiares y amigos. Allí Federico sufrió una extraña neumonía que lo debilitó al extremo de dejarlo en cama durante dos semanas. Ante la insistencia de Marcelo, su hermano, y de su madre que había viajado hasta allí para pasar unas vacaciones con sus hijos, Federico fue al médico. Le aconsejaron hacerse un análisis de sida, una enfermedad descubierta hacía poco.

El resultado de aquel VIH dio positivo. Eran tiempos de discriminación violenta, tiempos de "plaga divina", de "peste rosa". La información que se manejaba en Argentina sobre la enfermedad era prácticamente nula. Los homosexuales eran señalados como los principales propagadores del virus. Era la chatura mental producto del desconocimiento y de años de una formación basada en la represión, la Iglesia, la incomunicación y el temor al otro. Y la homofobia que seguía estable sin importar cuál fuera el gobierno. Quizá por esto (quizá no) muchos periodistas que sabían que Federico tenía sida firmaron una especie de pacto de silencio, debido al escándalo que eso generaría en los medios. Pero alguien no cumplió, alguien quebró una promesa y la noticia corrió por todas las agencias del país.

Federico Moura murió de un paro cardiorrespiratorio el 21 de diciembre de 1988 en su casa de San Telmo. Su madre lo acompañó en su agonía.

Pese a lo que podemos imaginar, Federico quiso terminar su último disco con Virus en medio de un clima de desolación y de histeria reprimida por parte de sus familiares y amigos. Pablo Tapia recuerda esos momentos: "El se fue, se fueron a grabar Superficies de Placer si mal no recuerdo a Río. Yo soy arquitecto y me dijo: 'Me voy por tres meses'. La idea era que le arreglara un departamento que se había comprado. Pero para mí él algo sabía. A mí me tiró un centro al despedirse, viste esas cosas como que 'por última vez' o una cosa así. Pero igual quería arreglar el departamento y se lo arreglé y mientras tanto hablábamos por teléfono. A los tres meses volvieron con el disco bajo el brazo a punto de editarse, y un día caminando por la calle eligiendo alfombras me lo dijo. Me lo dijo como quien dice 'me compré una bicicleta'.

"–Tengo sida.

"–¿Cómo? –dije yo.

"A su vez el tema del sida era nuevo", continúa. "Cada cosa en Virus es un cacho de historia. Y recién entonces se empezó a hablar del tema del AZT y otras cosas. Después vivió un año en ese departamento que yo le arreglé, y luego falleció. Fue una cosa muy fuerte y triste para todos."

Pero lejos de ser sepultada con Federico la historia de Virus continúa fuerte hasta nuestros días. Con Marcelo como cantante (fue una insistencia de Federico) han grabado muchos discos más. No, este no es el final de la película; no, la historia no termina aquí. Muchos homenajes, tributos y reivindicaciones por parte de bandas actuales hablan de la importancia que tiene para la música actual el rock de Virus. Pero todavía hay muchas cosas de la banda y de sus inicios que hay que entender, rescatar y valorar. Todavía cuesta que se hable, no sólo de la homosexualidad de Federico, sino del valor simbólico e histórico que tiene un gay como líder de una banda en los primeros '80. Muchos fans de Virus. Muchos de los que reivindican la banda ahora –tanto público como bandas– y muchos historiadores del rock nacional insisten en que lo que importa es la música y el legado artístico, que Federico podía hacer lo que quisiera con su sexualidad ya que lo que trasciende es el arte. De eso no cabe duda. Pero es una mirada parcial, y que delata cierto prejuicio. Como si todavía hubiera un poco de miedo a reconocerse seguidor de "una banda gay". Pero sucede que esta historia no es sólo rock and roll. Es mucho, mucho más.